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Mis relatitos.

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Mis relatitos.

Mensaje por Over el Jue Feb 25, 2010 8:33 pm

Bueno, abro mi post de relatos : D (pierdo lentamente la vergüenza xDDD, antes me costaba demasiado mostrar mis escritos xDU). No tengo demasiados (muchos empezados, pocos terminados xD), pero intentaré colgar algún que otro de vez en cuando xDD.

Dejo el primero que terminé. Lo escribí en ... ¿finales de septiembre? ¿Príncipios de octubre? Por esa época, más o menos xDU

Espero que os guste ^^

Sombra.

“Te miro y me miras. Algo ha cambiado, lo sé. Lentamente, me pregunto cuándo y por qué, si fue algo que dije o algo que callé. Me miro, me miras. Busco algo en mí que me ayude a reaccionar, algo que me ayude a comprender, que me ayude a encontrar el momento en el que todo aquello que daba por mío se alejó, sin aviso, sin vuelta.

Te miro y me miras. Veo algo en tus ojos que me hace retroceder, temeroso. Me miras, confusa, pero yo ya no te miro. Lo intento, mas no puedo. Y es que mirarte me da miedo. Temo no encontrarte... o tal vez temo a la verdad que tras tus ojos, verdes como los míos, se esconde.

Te acercas, preocupada, y, lentamente, me pregunto por qué me haces esto. ¿Acaso no ves que yo ya lo sé? ¿Acaso no ves que yo ya sé que nunca me has visto como yo te veo a ti? ¿Acaso no ves que me duele? Por un momento, quiero alejarme de ti, por siempre, irme y no volver. Y es que tu tacto me duele. Tu sonrisa me escuece. Tu presencia me hace daño... y, aún así, siento que no puedo irme... Y es que ... ¿qué haría yo sin ti? Si me faltas aún cuando estás a mi lado. Si te añoro cuando recurres a sus brazos, en busca de su tacto...

Me miras, con esa curiosa luz que sale de tus ojos, y yo sonrío, ocultando mi amargura. No sé si te lo habré dicho alguna vez, pero siempre me han fascinado tus ojos, brillantes, extraños, hermosos... Y ahora que contemplo mi reflejo en ellos, no logro verme como algo más que una sombra. ¿Dónde estoy? ¿Acaso no tengo lugar en tu mirada?

Tu voz me rescata de mi ensoñación. Me llamas, sonriendo, y creo detectar un resquicio de culpabilidad en tu voz. ¿Te pasa algo? murmuras. Yo niego lentamente. No quiero preocuparte con mis cosas de idiota enamorado. Sé que si te lo digo, te culparás, como siempre. Y no es culpa tuya, lo sé. La culpa es toda mía, por idiota. Porque sólo a mí se me ocurre permanecer a tu lado, aún cuando sé que no soy más que una sombra causada por tu luz.

Me miras y, esta vez, te vuelvo a mirar. Sonrío y me acerco. Me gustaría tocarte, mas no puedo. Y es que yo no soy tu luz. No soy la luz que tus ojos refleja. Yo tan sólo soy esa sombra que tras la luz aparece con el fin de ocultarte cuando nadie más te esconde.

Te miro y sonríes. Me sonríes a mí sin amargura o culpabilidad. Simplemente sonríes y, por unos segundos, te siento más cercana, aunque sé que no es así. Y tal vez sea por eso, o, simplemente, porque temo estar a solas, que decido quedarme a tu lado. Y es que a mí me basta con ser esa sombra que te espera y anima cuando te sientes perdida.”


Última edición por Over el Vie Feb 26, 2010 8:19 pm, editado 1 vez (Razón : Corregir los fallos : D)
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por LorenaGb el Jue Feb 25, 2010 8:45 pm

Me ha gustado mucho ^^ Pero me guardo la opinión para decírtela luego, primero cositas que he visto para que corrijas Smile

Over escribió:Te acercas, preocupada, y sin coma lentamente, me pregunto por qué me haces esto. ¿Acaso no ves que yo ya lo sé? ¿Acaso no ves que yo ya sé que nunca me has visto como yo te veo a ti? ¿Acaso no ves que me duele? Por un momento, quiero alejarme de ti, por siempre punto y seguido irme y no volver.


Tu voz me rescata de mi ensoñación. Me llamas, sonriendo, y creo detectar un resquicio de culpabilidad en tu voz. ¿Te pasa algo? murmuras. Yo sin coma niego sin coma lentamente.

Sujeto no puede ir separado de predicado por coma y verbo no puede ir separado de advervio por coma Wink

No quiero preocuparte con mis cosas de idiota enamorado. Sé que si te lo digo coma te culparás, como siempre.
Condicionante y consecuencia separados por comitas ^^

Te miro y sonríes. Me sonríes sin coma a mí, sin amargura o culpabilidad. Simplemente sin coma sonríes y, por unos segundos, te siento más cercana, aunque sé que no es así.
Verbo y complemento indirecto y verbo y advervio, no pueden ir separados por coma.

Me ha parecido un relato precioooosoooo
Uno de esos bonitos relatos de enamorado que te dejan sin aliento.
Lo único que te he corregido algún error de puntuación y señalaría que repites mucho la palabra lentamente. Por lo demás, que ni pintado.

Espero que cuelgues más Wink

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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Ever el Vie Feb 26, 2010 3:21 pm

Un relato... Precioso. Me ha encantado leerte en serio, muy cercano, con muchísimo sentimiento y muy sencillito de leer. Me ha parecido estar leyendo una balada, una canción de amor muy hermosa.

Lo único que te digo es que me ha sonado muy repetitivo el verbo mirar. Ha quedaod bonito, pero me dio esa sensación de repetición. =)
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Over el Vie Feb 26, 2010 6:27 pm

Gracias por los comentarios ^^. Me alegro que os haya gustado y me encanta que me hallais señalado los fallitos ;O; (cuando enseño algo a un amigo/a nunca me dicen qué tengo mal, que puedo mejorar ... Simplemente, me dicen: "me parece bien" "Me gusta" "No me convence, ..." y claro, no me quedo contenta xDDDD).
El fallo del sujeto lo había visto y en la libreta a la que la pasé lo cambié, pero parece ser que en el Word no >__<". Y no sabía que el verbo no podía separarse del adverbio por coma : D, así que muchas gracias por decirlo ^^
Corregiré los fallos que me habeis señalado : D y revisaré el resto de los relatos por si hay algún fallo similar ^^.
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Over el Vie Feb 26, 2010 11:20 pm

Ah~ Voy a dejar otro, aunque no sé si esto será correcto ;____; (pero si edito el mensaje me queda algo muy largou ;O;). Asdfasdf ... Si hay algún problema, borro este post y ya está ;__;

Oh~ Tengo una pregunta (no sé si debería dejarla aquí o en otro lado o.O), ¿cuánto tiene que ocupar un relato para que se considere corto? Es que tengo un relato de tres páginas de Word y me preguntaba si debía partirlo en cachitos o si debía copiarlo todo en un mensaje '____'.

En fin ... Otro relatillo. Lo escribí antes de Navidad (sobre el 23 o 24) e iba a participar en un concurso en otro foro con él, peeeero se pasaba del límite de palabras D :

Veinticuatro de Diciembre
“Cada vez que pasa diciembre, cuando su rostro acude a mis brazos, no puedo evitar volver a aquel lugar donde, no hace demasiado, prometimos volver a vernos.

Mientras camino, contemplando a los diferentes transeúntes, no puedo evitar evocar su voz. Recuerdo, mientras mis pies me llevan simulando la ausencia de rumbo fijo, su sonrisa, aquella que me saludaba desde la ventana; y, durante unos segundos, imagino que está allí, tras ese hombre que me mira receloso; mas el ruido del claxon de ese coche gris no tarda en devolverme a la realidad.

Mientras me pierdo por entre los transeúntes, la imagen de sus ojos aparece ante mí. Sus ojos, verdes como los de él, me llaman desde la distancia. Pronuncian mi nombre, invitándome a entrar, a avanzar. Lentamente alargo mis brazos, tratando de alcanzar esa luz que ante mí se alza, tratando de retenerla a mi lado.

Mis brazos van a parar con la realidad. Chocan, se estrellan, y su recuerdo se evapora. Se aleja de mí, con lentitud, como si le doliese dejarme. En un vano intento, trato de alcanzarla, mas ya no está ahí. En su lugar, me topo con el ruido de las calles, que me comunica que aún no he llegado a mi parada.

Retomo mi camino, mas creo que no avanzo. Siento que me he vuelto a perder entre sus ojos, y no puedo hacer otra cosa que caminar, con el fin de que su sonrisa me abandone.

Mis pasos me llevan a aquel lugar donde, una vez, prometimos volver. Desde lejos, observo como todo permanece igual, como si las agujas del reloj aún no hubiesen llegado hasta aquí.

Mis dedos recorren esa vieja barandilla, donde, no hace mucho, grabé su nombre junto al mío. Sonrío al descubrir que aún siguen ahí, como prueba de que una vez estuvo entre mis brazos. Es entonces cuando me atrevo a alzar la vista, temeroso de que el recuerdo de aquel día me ataque de nuevo.

Ante mí, la imagen de ese frío rectángulo color marfil aparece y, con ella, el sonido de su risa, que me reclama desde la distancia; el frío de sus pequeñas manos, que a gritos piden mis guantes; la inseguridad de sus ojos, verdes como los de él, que en silencio manifiestan su miedo.

Una a una, sus palabras también acuden, llevándome de nuevo a ese día donde, no hace mucho, le dije que la quería.

“No sé patinar sobre hielo”, dijo mientras me observaba desde la barandilla.
“No te preocupes, yo te llevo”, respondí mientras le tendía una mano. Insegura, se aferró a ella y, con lentitud, comenzamos a caminar sobre el hielo.

Nunca le pregunté si alguna vez perdió el miedo al hielo. Supongo que, como tantas otras cosas, había olvidado sus temores; y, sin embargo, ahora tan solo deseo oír su voz. Oír de nuevo sus alegrías y temores, sus reproches y te quiero o, simplemente, escucharle decir mi nombre una última vez, mas sé que no puedo. Ya no puedo.

A veces, me gustaría poder dar marcha atrás, cambiar la hora de ese viejo reloj que con su compás me recuerda que ya no volverá a estar entre mis brazos.

Desde lejos, contempló cómo la gente comienza a llegar. Observo, tras la baranda, a los diferentes transeúntes, tal vez con la irrisoria esperanza de encontrar su rostro entre ellos, mas no logro verla. Tal vez, sólo yo sigo volviendo cada diciembre a este lugar donde, no hace mucho, estuvo en mis brazos.
Desde lejos, observo por última vez ese lugar al que no me importaría volver.
Desde lejos, contemplo cómo sus ojos, verdes como los de él, me llaman, invitándome a avanzar.
Desde lejos, me pregunto si aún me recordará.”

Pd. Por si alguien se lo está preguntando, sí, tengo una obsesión con los ojos verdes xDDD
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Over el Mar Mar 23, 2010 8:04 pm

Bajo la lluvia

“A día de hoy de la casa donde la encontré no quedan ni los escombros. En su lugar, se alza ahora uno de esos poderosos edificios que llegan al cielo y te hacen creer que con tan sólo estirar tus brazos podrás llegar a las nubes. Sin embargo, cada vez que pasó por ese lugar acompañado de la lluvia no puedo evitar recordar el día en que la conocí.

Aquel día la lluvia caía con fuerza del grisáceo manto que amenazaba a los transeúntes. Yo contemplaba el cielo y las gentes, que vagaban en busca de refugio, resguardado de la lluvia bajo la guardilla de la tienda de Doña Herminia mientras buscaba pasatiempos para apaciguar el peso que llevaba a la espalda.

Lo cierto es que no reparé en su presencia hasta que abandonó aquella estancia con olores a tinta y se dirigió hacia mí. “Tengo paraguas, ¿me acompañas?”, preguntó mientras abría el aparato. Tras unos segundos de duda, acepté su invitación.

Al llegar a esa casa donde pasaría numerosas tardes, la mojadura de su anacrónico vestido permitía intuir partes de tu anatomía, pero a ella parecía no importante. En su lugar, se dedicó a reírse de mi mal disimulado rubor, contagiándome esa risa.

Cuando me despedí de ella, la lluvia todavía caía. Tras el portal que encerraba aquella grisácea casa de los demás, me preguntó si volvería a verme. Yo, señalándole el desbaratado paraguas que me había prestado para rehacer el camino hacia mi casa, le aseguré que sí, que nos volveríamos a ver en aquella esquina donde nos habíamos encontrado esa tarde.

La tarde del día siguiente, su sonrisa abandonó la tienda de doña Herminia y se perdió entre las gentes que huían de la lluvia. Con el paraguas en la mano, la seguí por aquellas calles que emanaban olores de fábricas y noticias mientras ella reía.

La oxidada verja nos saludó nada más llegar. Tras ella, la casa gris se alzaba cansada y poderosa. Algunos cristales rascados dejaban entrever parte del interior, mientras que unas pequeñas enredaderas intentaban ocultar a la vieja mansión trepando por las paredes con sus hierbajos. El rostro del ángel de la fuente oculta bajo ese jardín mal cuidado nos observaba a lo lejos, como si inspeccionase al nuevo visitante.

Cuando logró encontrar la llave, la seguí por el camino que llevaba al interior de la casa, mientras observaba los secretos que aquel bosque perdido ocultaba.

La mirada de algunos se encontraba entre las hierbas, separada de sus pétreos cuerpos cubiertos por hiedras. Otros, con algo más de suerte, se alzaban entre las hierbas, observando con su inerte expresión a los transeúntes de aquel pedregoso camino. Logré llegar a contar veinticinco figuras de niños, ancianos y adultos antes de terminar el camino y pararme tras ella. Observé en silencio aquella puerta de madera húmeda que se presentaba ante mí, mientras ella buscaba la llave bajo la descompuesta alfombrilla que se sometía bajo la puerta.
Un aroma a hollín exhaló de la mansión cuando abrió la puerta. Siempre tras ella, accedí a aquel lugar donde pasaba sus días.

Las ennegrecidas láminas de madera crujían bajo nuestros pasos. En las paredes, unas grisáceas fotografías nos contemplaban, cansadas. Cuando quise preguntarle quién de todas ellas era, me arrastró escaleras arriba. Algunos de los escalones estaban rotos, partidos, pero a ella parecía no importarte, sino, más bien, todo lo contrario. Parecía como si cada rotura de su vieja vivienda sólo incrementase su aprecio hacia ella.

Al llegar al piso de arriba, me guió hacia una lejana sala que se perfilaba al fondo del pasillo. Una vez dentro, se dedicó a sacar todos los libros de su lugar marcado, mostrándomelos uno a uno. La mayoría de los libros tenían las tapas gastadas y, a algunos de ellos, les faltaban algunas páginas, pero ella no le daba importancia. Tras terminar de sacar todos, me pidió que eligiese uno de ellos. “¿Para qué quieres que elija uno?”, inquirí. “Tú hazlo, ¡es una sorpresa!”. Tras meditar durante unos largos minutos, me decidí por un libro de usadas tapas, que en otra época pudieron haber sido rojizas, escrito por un tal Anónimo y que relataba el deseo de un hombre por ser recordado. Al mostrarle mi decisión, alzó ligeramente las cejas. Parecía sorprendida. “Puedo elegir otro, no pasa nada”, murmuré. Ella negó, mientras su sonrisa se ensanchaba. “Buena elección”, dijo.

Su comentario me robó una sonrisa que se ensanchó cuando comenzó a hablar. Durante días, me contó que no recordaba cuántas veces había leído aquel libro, pero sí que se acordaba de hasta el más ínfimo detalle, los cuales se apresuró a relatarme, sin revelar el final.

Abandoné aquella vieja mansión acompañado de un libro y un paraguas. Cuando le aseguré que al día siguiente le devolvería tanto uno como el otro, dijo que no tenía que devolver el libro hasta que no lo hubiese terminado, pero que sí agradecería que le devolviera el paraguas.

Al día siguiente, la encontré bajo el portal del edificio donde días antes me encontró. Aquel día, a diferencia de los demás, se escondía del cielo, a pesar de que la lluvia no cayese. Parecía que temiese a los dorados rayos del sol que iluminaban las calles. Cuando me vio, me dedicó una sonrisa y salió de su pequeño escondite. Yo, al verla llegar, le tendí su paraguas, devolviéndoselo tras pasar numerosas tardes con él. Ya no lo iba a necesitar más. Ella lo recogió y comenzó a andar con el aparato colgado de su muñeca izquierda, sin preocuparse por esperarme.

Aquel día, a diferencia de los demás, no acudimos a la vieja mansión hasta bien entrada la tarde. Como tantas otras veces, el rostro de la fuente me observaba desde dentro. Parecía que no se había acostumbrado a mi presencia. Tras sacar la llave de su escondite, entró en la casa y cerró la metálica puerta. Cuando le pregunté, tras la verja, por qué no me dejaba entrar, respondió que ya se había hecho tarde.

Tras la verja, le pregunté si mañana nos volveríamos a ver y ella, señalando el paraguas que colgaba de su brazo, asintió con una sonrisa.

Al día siguiente, acompañado de los dorados rayos del sol llegué al edifico donde solíamos quedar. Ella no estaba allí.
Lo cierto es que nunca supe por cuánto tiempo esperé, pero cuando abandoné el punto de encuentro ya había caído la noche y ella no había llegado. Con la compañía de aquel viejo libro que sólo ella podía leer, mis pasos rehicieron el camino de vuelta a casa.

Pasarían muchos días hasta que me decidiese a acudir a aquella mansión a buscarla. Acompañado del libro que me había dejado, recorrí el camino que en su día había hecho a su lado.

Al llegar, contemplé perplejo la mirada de aquel hombre. Ataviado de blanco y con cigarro en mano, aquel hombre observaba la gran mansión, indicándoles a otros unas series de instrucciones que no alcancé a comprender. Cuando reparó en mi presencia, le pregunté quién era y qué hacía allí.

Dijo que le llamara González y que tan sólo observaba la mansión. Cuando le pregunté si conocía a la dueña, rio como quien escucha el chiste de un bufón profesional. Entre risas, me dijo que allí no vivía nadie desde hacía más de cincuenta años. Que un incendio lo había consumido todo. Yo negué y me apresuré a entrar dentro de la mansión, haciendo caso omiso a los gritos del señor González.

Dentro, grité su nombre y la busqué por todas las estancias de la mansión, mas sólo me encontré con el crujido de las escaleras.

En la pared, las grisáceas fotografías me observaban con rostros rotos y esquinas amarillentas. En la sala de los libros, las letras de éstos se habían evaporado. En su lugar, me encontré con el silencio de las palabras y medio palmo de polvo.
Abandoné la mansión y busqué por el jardín. González me observaba tras la verja, tal vez pensado que estaba loco, mas no me importaba. Con prisas, busqué por entre la familia de estatuas, mientras notaba la mirada del ángel de la fuente. Parecía reírse de mí. Tras recorrer todas las esquinas de la casa, González apareció ante mí y me dijo que lo dejase. Yo, con el fin de demostrarle que estaba en lo cierto, me precipité a enseñarle el libro, mas no lo encontré. “Debe de habérseme caído entre las hierbas”, aseguré mientras me apresuraba a decirle la trama de la novela. González negó y me pidió que me fuese. Obedecí en silencio y me fui.

Días después, González se presentó en casa con un viejo periódico en las manos. “Para ti, chaval”, dijo mientras me tendía el boletín.

La noticia de un incendio en la mansión de los Pérez abre página. En la fotografía central, rodeada de información, logro distinguir su rostro y su pálido cuerpo, enfundado en ese anacrónico vestido, rodeados de figuras y rostros. A lo lejos, se puede apreciar el rostro del ángel de la fuente, que parece reírse de las pétreas figuras.

Ha pasado bastante tiempo desde el día en que la conocí. González sigue sin creerme, pero no me importa. A fin de cuentas, ella siempre vuelve y yo lo sé. Los días de lluvia, su sonrisa me espera en la tienda de doña Herminia. Al caminar bajo la lluvia, le recuerdo que aún no me ha contado el final de su historia.
Bajo la lluvia, le pregunto si al día siguiente volveremos a vernos donde siempre y ella responde que sí.”
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Julia7e el Dom Abr 04, 2010 12:12 am

Es genial!! ME ENCANTA (con mayúsculas merecidas).. es.. medio melancólico.. medio... yo que sé XD
Me ha recordado mucho a los libros de Zafón, y debo decir que me encanta su manera de escribir (y por extensión, la tuya)
La idea del ángel es a ver que encuentre la palabra... macabra y sospechosa..
Y bueno el final fantástico..
Mis Felicitaciones..

Aquí te dejo un pequeño error que he visto:

Dijo que le llamara González y que tan sólo observaba la mansión. Cuando le pregunté si conocía a la dueña, rió como quien escucha el chiste de un bufón profesional. Entre risas, me dijo que allí no vivía nadie desde hacía más de cincuenta años.

Saludos^^
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Over el Jue Abr 29, 2010 6:02 pm

: D Gracias por comentar, Julie7e ^^. Y gracias por remarcar el fallito, no me había dado cuenta xDU. A mí también me gusta mucho Zafón (es mi escritor favorito : D) y, bueno, que compares mi escrito con algo suyo es demasiado XDU (ni de lejos, vamos, él es Dios xDDDDDD)

Nyaam~~ Dejo otro relatito, un poco más nuevo que ese que escribí porque una amiga me comentó algo de una caja o.O (que había visto a un compañero con una caja y que le había llamado la atención XDU). A mí, personalmente, me parece un relato bastante infantil, pero bueno xDDU. Criticas bien recibidas, como siempre Smile

La caja de Tomé

“Tomé tiene una caja, grande y marrón. La lleva a todas partes, desde clase hasta casa. Nadie sabe lo que hay dentro. Es más, ni tan siquiera Tomé sabe lo que hay en la caja. No la ha abierto, ni piensa hacerlo.

Carmen, Diego y Leticia se preguntan qué ocultará el misterioso recipiente. Instan a Tomé a que la abra, pero éste se niega. No quiere abrir su caja.

Leticia, que opina que la caja guarda comida, le pregunta por qué y él responde que si la abriese, perdería toda la gracia. Y es que para Tomé lo mejor de su caja es que no sabe lo que hay dentro, por lo que puede imaginarse lo que quiera. Desde dragones hasta motas de polvo, eso es todo lo que puedo imaginarme, piensa Tomé.

Carmen, que es la más realista, opina que en la caja puede haber facturas. No en vano, ha reparado en el remitente de la caja, pero no dice nada. Mejor que Tomé decida, piensa.

Diego, por su parte, intenta quitarle la caja a Tomé siempre que puede. En los pasillos, en los intercambios, en su casa,… No hay sitio donde no lo haya intentado. Tomé suele enfadarse con él por intentar robar su caja, pero a Diego no le importa. A fin de cuentas, él está convencido de que la caja guarda un tesoro, el viejo botín de un pirata o algo así.

Pese a todo, a la que más le corroe la duda es a Leticia. A pesar de estar segura de que en la caja hay chocolates, no puede dejar de pensar en la caja. ¡Piensa tanto en ella que hasta se lo ha dicho a Sara! La caja me tiene intrigada, dice, no dejo de preguntarme qué abra en ella.

Sara, que abriría la caja sin dudarlo, escucha las diferentes opiniones de Leticia, desde la de la comida hasta la de los jarrones. Sin duda alguna, Leticia ha pensado tanto en la caja que ya no sabe hablar de otra cosa. No hay otro tema de conversación. ¡Hasta en clase de biología con el terrible Brañas habla de la caja de Tomé!

Sara, que no se lleva mucho con sus compañeros de clase, quiere poner fin al misterio de la caja, aunque no quiere abrir la caja de Tomé.
Durante la clase de lengua, mientras la profesora explica cómo diferenciar las perífrasis, piensa en diferentes medios para descifrar el misterio de la caja. Piensa y piensa y, cuando está a punto de darse por vencida, una idea aparece en su mente.
Con una sonrisa de satisfacción, coge su portaminas y comienza a trazar su solución al problema.

Leticia, que no atiende a Rita, observa a su compañera, confusa. No sabe lo qué está haciendo, pero, cuando Sara le dice que ya sabe lo que hay en la caja, su expresión cambia. Esboza una sonrisa y susurra un “¿de verdad?”
Sara asiente y, después, le tiende a Leticia un papel, escrito por los dos lados. Leticia arquea una ceja. Ya sabía que Sara era algo rara, ¿pero tanto?
Sara, al ver la confusión que se dibuja en el rostro de su amiga, sonríe y susurra:
- En la están tanto los dragones de Tomé como tus jarrones. Desde el tesoro de Diego hasta las facturas de Carmen. ¡En la caja está la imaginación!”
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Re: Mis relatitos.

Mensaje por Over el Sáb Jun 05, 2010 5:10 pm

Maldito Michael.

La vio caminando por la calle hace algunos días.

Llovía, y él se escondía bajo los salientes de los tejados de las tiendas. Miraba al frente, a la calle, observando el deambular de la gente, esperando que terminase de llover.

Llevaba ahí horas, y la lluvia no cesaba. Maldijo por lo bajo, y se acordó de que Michael se llevó su paraguas.

Maldito Michael.

Ella caminaba cabizbaja, tal vez pensando en aquel día o en aquella otra noche. No lo tenía claro. Probablemente no fuese importante.

De vez en cuando alzaba la vista, y miraba los Pepe, los Levis y, en ocasiones, hasta las camisetas de los Rolling.

En una de esas tiendas vio a un chico. Él vio a una chica, morena, con el pelo revuelto y mojado por la lluvia. Ella llevaba gafas, y a él el flequillo le tapaba parte de la cara.

Él sonrió; ella volvió la vista al suelo y continuó su camino. Él ensanchó la sonrisa, y se preguntó qué estaría haciendo la chica por la calle.

Ella siguió caminando, y no volvió la vista atrás.

Él pensó que tal vez ella no lo había reconocido, y caviló mandarle un Sms avisándola de que la había visto. Luego negó. Total, seguro que no llevaba el móvil encima.

Guardó el teléfono y se sentó. Ya la llamaría al llegar a casa, cuando terminase de llover.

Volvió a maldecir a Michael, y siguió esperando que la lluvia parase con la mirada fija en la calle.

Maldito Michael.
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