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El Rincón de mis Relatos Cortos

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El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Dom Feb 28, 2010 12:41 am

Bueno...Finalmente voy a empezar a presentaros algunos de mis relatos cortos, poquito a poco y con buena letra. Espero que al menos os entretengáis con ellos ú_u

Índice:


1. Celosía
2. Bullying
3. Cibermascota
4. El Hombre Ideal
5. Casualidades de la Vida
6. Cosas del Metro
7 Por favor, sea breve
8 Bruja


Última edición por Ayashi375 el Jue Ene 27, 2011 10:18 pm, editado 8 veces
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Dom Feb 28, 2010 12:43 am

1. Celosía


El trueno cesó, dejando en sus oídos sólo un leve pitido que remitió rápidamente.

El joven de cabello negro seguía de pie. Le temblaba la mandíbula, el corazón le latía alocadamente. En su mano, el cañón de la pistola aún dejaba escapar un hilo de humo.

A sus pies, el que había sido su mejor amigo toda la vida yacía en el suelo, recostado a duras penas contra una roca. Le sangraba la cabeza y la herida de bala en su pecho.

- ¿Por…qué? – Musitó Eric, notando el sabor de la sangre en la boca.

- ¿Por qué? – Masculló Jake con violencia, su voz temblando de ira. - ¿Te atreves a preguntar por qué? ¡Sabías que era mía! ¡Sabías que la amaba, que era toda mi vida, y tú…! ¡Tú has querido robármela!

- ¿De qué…estás habla…hablando?

- ¿Qué de qué estoy hablando? ¿Qué de qué estoy hablando? ¡De ti, Eric, de ti flirteando con Amy!

La expresión dolorida de su antiguo amigo se truncó levemente en confusión, pero eso no calmó la ira de Jake. En su lugar le trajo recuerdos que hubiera preferido borrar de su mente, pero que estaban grabados a fuego.

Eric, su viejo amigo, y Amy, su novia, intercambiando una mirada cómplice.

Eric y Amy, las dos personas que más le importaban, hablando en voz baja, muy juntos, sonriendo, y callando al verlo llegar.

Eric marchándose de una habitación, y Amy siguiéndolo.

Eric y Amy riendo en una esquina.

Eric y Amy en el barrio comercial, cogidos de la mano.

Eric y Amy junto a la fuente de la plaza, abrazándose.

Amy mirándolo la noche anterior, cuando él le dijo de pasar el día siguiente juntos, y respondiendo “lo siento, por la mañana tengo planes”.

Amy hablando poco después por teléfono. “Sí, en la colina a las nueve. Sí. Yo a ti también. Besos.”

Eric en la colina a las nueve menos diez, consultando el reloj.

- Tú…lo has…mal…interpretado todo. – Musitó Eric.

- ¡No te atrevas a insultarme! – Exclamó Jake, fuera de sí. - ¡No he malinterpretado nada, quedasteis para veros!

- Sí…Pero no es…lo que…piensas…

- ¡Mentiroso! ¡Hace semanas que coqueteas con mi novia! ¡Maldito seas, Eric! ¡Sabías que Amy era mi vida, y tú me la has querido quitar! ¡No lo permitiré!

Volvió a apuntarlo, preso de la furia, dispuesto a acabar su venganza, pero entonces el caído gritó algo y Jake se detuvo.

- ¿Qué? – Hizo.

- Est…estábamos…- Eric jadeó, apretándose la herida del pecho, que no dejaba de sangrar. - …Estábamos planeando…tu cumpleaños.

- …¿Mi…?

- Era una…sorpresa. Vino un día a…a pedirme…ayuda.




Eric mira atrás al ver que Amy lo ha seguido hasta el corredor. La muchacha se mueve un poco, algo nerviosa.

- ¿Puedo pedirte algo? – Preguntó.

- Claro. – Eric se puso una mano en la cintura, alzando las cejas.




- Era tu…tu primer cumpleaños…con ella.




- Vosotros sois amigos desde niños. – Explica la chica. –En cambio, yo sólo lo conozco desde hace año y medio. Pronto será su cumpleaños, y me gustaría que fuera perfecto, ¿sabes? Pero no estoy segura de nada, así que…

- Claro. – Eric sonríe. – Le haremos la fiesta sorpresa de cumpleaños más grande de su vida. Y créeme, las ha tenido verdaderamente grandes.




- Quedamos…varias veces, hablamos…mucho. Quería hacerte…una fiesta…perfecta.




- ¡Mira!

Amy tira de la mano de Eric hasta un escaparate de videojuegos, y señala una consola que acaba de salir al mercado. El joven ríe.

- No creo que haga falta gastarse todo ese dinero. – Comenta. – Jake valora mucho las cosas pequeñas. Créeme, se echará a llorar como una niña sólo cuando gritemos “sorpresa”.

Amy sonríe.




La mano de Jake tembló.

- Me estás mintiendo. – Musitó.

- ¿Es que…no lo he hecho…todos….los años? Amy lo…lo sabía…por eso…me lo pidió.

Jake sacudió la cabeza.




Después de toda una tarde de compras, descansan en la plaza, junto a la fuente. Amy de pronto abraza a Eric, llena de agradecimiento.

- Gracias por dejarme hacer esto contigo. – Dice con dulzura.

- Oh, tonta. – Eric le devuelve el abrazo, sonriendo, acariciándole el cabello.




- ¡Ayer te dijo que te quería! – Exclamó Jake, desesperado.

Pero su antiguo amigo lo miró con la serenidad y la decepción pintadas en los ojos.

- ¿Sí…?

- ¡Por teléfono, cuando me fui!

- ¿Estás seguro…?



- Hola, Amy.

- Ey, hola. ¿Cómo estás?

- Perfecto, sólo te llamaba para ultimar los datos. La hora…

- Sí, en la colina a las nueve.

- Buena chica. Entonces sólo acuérdate de traer los regalos. Los envolveremos y luego iremos a buscar a Jake para darle la gran sorpresa.

- Sí.

- Te deseo suerte…para dormir, que los nervios son muy traicioneros.

- Yo a ti también.

- Buenas noches, Amy.

- Besos.

- Siempre te despides así.




Un potente trueno desgarró el cielo nublado, y Jake se volvió.

Amy los miraba, con los ojos muy abiertos. La bolsa se deslizó de entre sus brazos y cayó al suelo, volcando parte de su contenido. El joven reconoció un cinturón, un reloj de arena que se había resquebrajado, la figurilla de su actor favorito.

En el suelo, Eric tragó saliva con sabor a sangre y tomó una bocanada de aire para pronunciar sus últimas palabras.

- Feliz…cumpleaños.


Última edición por Ayashi375 el Vie Mar 05, 2010 8:42 pm, editado 1 vez
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Vie Mar 05, 2010 8:39 pm

2. Bullying


Subió de los primeros en el autobús de regreso a casa, y se sentó en uno de los asientos dobles más cercanos a la salida. Los demás, chicos y chicas de su edad, riendo y jugando, subieron tras él, pagaron como él, pero no se sentaron cerca. Fueron al fondo, donde podían ponerse como quisieran y seguir charlando, o se quedaron junto al conductor para hablar con él.

El autobús se puso en marcha. Allí estaba el chico, con los asientos de detrás y al lado todos vacíos. Pero aún podía oírlos. Sus risas estridentes. Una chica encendió su teléfono móvil y puso música gitana a todo volumen. Un par comenzaron a golpear los asientos con las manos, al ritmo de la melodía. Estaban aburridos. Siempre se aburrían en el viaje de regreso.

[Que no reparen en mí.] Pensó el muchacho, angustiado. [Que no me vean.]

Aunque una parte de él sí quería ser vista.

No, por favor, no. Porque, si lo veían, comenzarían a acosarle. La burlona camaradería, los golpes demasiado fuertes en la espalda. ¿Qué hay, Misha? ¿Qué pasa, gatita? Oye, ¿nos invitas a tomar algo? No, no hace falta que vengas, sólo danos algo de dinero, va, tío, buen rollo.

Sí, por favor, miradme, aceptadme. El ruego silencioso de alguien que permanece aislado, mirándolo todo pero sin tomar parte, sin ser capaz de incluirse. Miradme. Estoy aquí. Hablad conmigo. Hacedme partícipe de vuestras risas y vuestros juegos.

Pero eso no ocurriría. No, él era el marginado, el aislado, el apartado. Le gustaba quedarse en casa, calentito, tranquilo, leyendo o estudiando. No le gustaba salir, ni le gustaba el ruido. Le gustaba la calma.

El autobús se detuvo en otra parada. No era de ninguno de los dos institutos, pero a pesar de eso, una jovencita algo mayor que Misha subió. Él desvió la mirada de inmediato. La vio, y apartó la vista. Era guapa, preciosa, con los ojos brillantes y el cabello largo.

Sabía lo que pasaría. La bonita muchacha se sentaría probablemente frente al grupo de atrás de todo, y entablarían rápidamente conversación, aunque no se conocieran. Podría oír sus palabras. Hola, guapa, no te había visto por aquí antes, ¿eres nueva en el pueblo? Ellos la harían reír, conversarían, y para cuando el bus se vaciara, ya habrían intercambiado teléfonos.

Pensaba en todo esto cuando, para su sorpresa, la muchacha pasó por su lado, le dedicó una sonrisita y se sentó tras él.

[No, no, ahí no.] Pensó Misha, angustiado.

Si ella se sentaba ahí, los demás se acercarían para hablar con ella, y podrían molestarlo a él también.

Entonces retrocedió un poco en el hilo de sus pensamientos.

¿Se había sentado ahí?

Miró por encima del hombro y la vio tras él, apoyada en el cristal, mirando afuera con aspecto distraído. Se había puesto los auriculares de su pequeño mp4, y no parecía muy interesada en mantener conversaciones estúpidas con un grupo de estúpidos guaperas.
Volvió la vista al frente. Que no me vea mirándola, se dijo. Si me ve, estoy perdido. Se meterá conmigo, como las demás. Pensará que estoy intentando ligar con ella o algo peor. Que babeo. No babeo. No babeo.

El viaje siguió sin incidentes. La música gitana resonando en el autobús, los golpes en las sillas, las palmadas al ritmo de la canción, las risas. Las voces cantando mal habían empezado a sonar. Charla ininterrumpida.

Pero nadie se había acercado a la desconocida muchacha.

¿Por qué? Era guapa, y se tenía que ser guapo para llamar la atención de esa panda de ineptos. Guapo, o muy feo. Guapo si querían algo de uno, feo si se aburrían. Todo dependía. Pero la estaban ignorando, como si no la hubieran visto.

Miró otra vez por encima del hombro, y su mirada se cruzó con la de ella, que le dedicó una sonrisita. Volvió al frente otra vez, azorado. Notaba sus mejillas ardiendo. No volvió a girarse.

El bus comenzó a vaciarse. Algunos chicos bajaron ya, despidiéndose a gritos, otros se quedaron y se acercaron más para seguir charlando.

La chica se levantó entonces. Tocó con suavidad el hombro de Misha, gentilmente, y cuando éste, sobresaltado, la miró, le sonrió.

- Vamos. – Dijo con una voz suave, como la voz de un ángel.

La muchacha se puso frente a las puertas y apretó el botón de STOP. Misha se apresuró a ponerse la chaqueta, colgarse la mochila y salir.

Ambos bajaron un momento después en la parada, y el autobús se marchó.

Permanecieron unos instantes quietos, en silencio; la chica se volvió hacia él, le dedicó una nueva sonrisa y comenzó a caminar.

Misha fue tras ella, cohibido. ¿Había seguido a una desconocida, sin más? Una sonrisa, un gesto amable, y ya lo tenía detrás como un perro. ¿Cómo podía ser? Hacía años que había superado esa fase de besarle el trasero a cualquiera que le hiciera un mimo.

Entonces, la muchacha dio un brinco y se volvió hacia él, deteniéndose, cogiéndose las manos por detrás.

- Sé lo que es. – Dijo suavemente, sonriendo, comprensiva.

- ¿El qué? – Respondió él con cierta brusquedad, a la defensiva.

- Que te ignoren cuando se divierten, que te ataquen cuando se aburren. Sé lo que es frustrarte cuando ni siquiera se comportan educadamente. Los móviles sonando bien altos para que todos oigan su música, que no tiene por qué gustar al resto de pasajeros. Su actitud ególatra. Soy el centro del universo, así que adoradme, amadme, lo soy todo para vosotros.

Misha tragó saliva, pero no dijo nada. Ella rió. Tenía una risa dulce, como el repicar de las campanas. No era burlona, no se estaba mofando de él. Eso parecía. Eso quería creer.

- No hace falta que sean muy mayores. – Comentó la muchacha.

- ¿Quién?

Pero ya sabía quién decía. Mayores. Los adultos. Él también lo sabía.

- Diez años, y ya no saben lo que pasa en las escuelas e institutos. – Dijo la chica, mirando al cielo con sus preciosos y brillantes ojos. – Creen que saben mucho, pero en realidad, nada. Sólo nosotros lo sabemos, y no nos escuchan. No me refiero a un “nosotros” del colectivo adolescente.

No, claro que no. Ella se refería a los marginados. Los aislados. Los separados. Como él.

- Como tú. – La muchacha lo miró y sonrió, comprensiva. – No eres guapo.

- Vete a la mierda. – Soltó Misha sin siquiera quererlo.

- Oh, no quiero ofenderte con eso. Es casi un halago. Si eres un guaperas, eres como ellos. Perteneces a su bando, su grupo. Si eres hermoso, sepas lo que haces o no, humillas a los demás, les haces sentir que no son nada a tu lado, les haces daño. Algunos no son conscientes de ello, Misha.

- ¿Cómo sabes quién soy?

- Porque me dedico a esto. Os busco, querido. A ti, y a todos los que, como tú, son aislados, apartados y humillados. Sé lo que sentís. Sé lo que sientes.

- ¿Cómo puedes saberlo? Eres hermosa.

La chica alzó las cejas, y un leve rubor tiñó sus mejillas rosadas.

- Vaya, gracias. Pero no lo soy, Misha. Mírame bien. Mírame. No soy bonita. Soy sólo una chica normal. Como tú. No eres feo, sólo…normal. Del montón.

La miró mejor. Tenía razón. No era hermosa como ellas, las chicas de su clase que iban todas juntas, con su música reggetón y sus faldas cortas y sus altas botas. No, ella no era así. No tenía el cabello perfectamente cuidado, sino que era encrespado, largo pero salvaje; no era delgada como ellas, como las modelos que querían emular, no, la muchacha no era así; tampoco era alta, era más bien bajita; su ropa no destacaba, vestía de negro, pantalones de licra por debajo de las rodillas, una falda por encima, camiseta ajustada que dejaba su delicado vientre a la vista, botas, pero sin plataforma.

No era hermosa. Pero era bonita. Él la veía bonita. Bonita como ninguna de las demás podría ser nunca. Tan natural.

- Las personas del montón debemos tener carisma si queremos salir bien parados del instituto. – Dijo la muchacha. – Tú no lo tienes. Eres tan tranquilo. Yo también lo era. Lo soy. También sufrí en el instituto. Y en el colegio. Nadie me ayudó jamás, nadie estuvo de mi lado. Está bien, no era tan grave. Chicles en el pelo de vez en cuando; solía llevarlo corto para evitarlo. A veces alguna zancadilla, o papel mojado en clase. El falso compañerismo cuando les interesa. La burlona camaradería. Cosas como las que te hacen a ti, ¿no es verdad, Misha?

- Sí. Sí, es verdad.

- Muchos no son conscientes del daño que nos hacen. A los que lo saben, les importa un comino. Y los adultos…¿Qué voy a decirte de los adultos? Nuestros padres dicen que estamos en la edad del pavo, o que debemos crecer y enfrentarnos a los problemas. Los profesores piensan que es una etapa…o tal vez piensan que es el orden natural de las cosas.

[El fuerte contra el débil.] Pensó Misha con amargura.

- Y el débil siempre pierde.

Misha miró a la chica. Ella sólo sonrió, encantadora, y tendió una mano pequeña hacia él. La manga subió un poco y dejó ver la muñeca de la chica. Una cicatriz cruzando la piel blanca por encima de las venas azules.

- Ven conmigo, querido Misha. – Le dijo suavemente. – No tienes que pasar por esto. Te llevaré a un lugar donde estarás a salvo de todo esto. Tendrás tu rinconcito para leer, para estudiar, para escuchar la música que te gusta. Podrás estar en silencio, en tu habitación. Y si quieres compañía, tendrás amigos que estarán al otro lado de la puerta. Gente que no se reirá de ti. Amigos de verdad. Personas que, como tú, aceptaron mi mano y ahora viven felices en un lugar donde ellos no existen.

Incondicional, irracionalmente, Misha tomó la mano que ella le ofrecía.

- ¿Cómo te llamas? – Preguntó, ansioso.

- Nina.




- Otro desaparecido.

- Me parece increíble.

- ¿Qué hace que tantos chicos desaparezcan últimamente?

- ¿Será algo en la televisión?

- No, Eric no veía la televisión,…

- Ah, el que dibujaba insectos en el jardín.

- El de las gruesas gafas redondas.

- Parecía un poco lelo.

- Chist, su madre está ahí, tonta.

- Ya son casi una veintena en esta provincia.

- ¿Quién ha sido esta vez?

- Misha, el de la familia rusa.

- Ah, pobre mujer, que su desagradecido hijo se marchara así…

- Ni una carta ni una llamada en los tres días que lleva desaparecido.

- Niños, creen que lo saben todo.

- Sí, como si siempre tuvieran razón.

- Oh, mira, es la madre de ese Misha.

- Pobrecilla, mírala como llora.

- Sólo una buena madre podría llorar por un hijo tan desagradecido.

- Sí, es una buena mujer.

- Vamos a apoyarla.

- Sí, vayamos.

Desde la esquina, una muchacha de ojos brillantes y cabello encrespado que vestía de negro, vio a las mujeres que se acercaban a la desolada madre de Misha y le daban palmaditas en la espalda, intentando animarla. Sólo consiguieron que su llanto se volviera más histérico.

- ¡Debí haberle escuchado! – Sollozaba. - ¡Debí escucharle! ¡Todos debimos hacerlo!

[Es tarde.] Pensó Nina con tristeza. [Si sólo te hubieras dado cuenta un poco antes. Pero es tarde para tu hijo.]

De forma inconsciente, se llevó la muñeca a los labios y lamió la herida con la punta de la lengua, resiguiéndola, con su brillante mirada dirigida al grupo de mujeres.

[Sirve de ejemplo.] Pidió en silencio. [Enséñales a escuchar. Madres y padres a quienes os he arrebatado los hijos, por favor, enseñad a los demás a escuchar.]

Una veintena de voces se unieron a su susurro apenas audible.

- Escuchadnos.


Última edición por Ayashi375 el Lun Mar 08, 2010 9:03 pm, editado 1 vez
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por anasthinkings el Vie Mar 05, 2010 9:36 pm

Me han gustado mucho las dos, pero sobre todo la segunda.
Aunque tal como me lo he imaginado me ha dado miedo y todo xD

He encontrado un pequeño error:

Ayashi375 escribió:2. Bullying
No le gustaba salir, ni le gustaba el ruido. Le gustaba la calma.
Es simplemente para mantener el mismo tiempo verbal. Un detalle tonto.

Bueno, espero ver otros relatos tuyos pronto. Sigue así.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Lun Mar 08, 2010 9:04 pm

¡Pero qué fallo más tonto! Muchas gracias por notarlo. Ya lo he arreglado >///<
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Lun Mar 08, 2010 9:05 pm

3. Cibermascota


La torre del ordenador encendido comenzó a humear, pero nadie lo notó. Era un humo negro pero sin olor. Tal vez, si alguien hubiera estado allí, lo habría visto; pero la niña se había ido precipitadamente para cenar, y sus padres no solían entrar en el cuarto del computador.

Así que tampoco advirtieron que el humo comenzaba a volverse más pesado, tan pesado que empezó a caer y envolvió la torre como una oscura neblina. Luego comenzó a condensarse y espesarse, y adquirió una textura gelatinosa y viscosa. Dos agujeros brillantes se abrieron, como dos luceros en lugar de ojos, y luego un tercero, como una boca retorcida.

La criatura no sabía lo que era, pero tampoco le importaba. No le interesaba su origen, su naturaleza, si acaso la tenía, no le interesaba la supervivencia, ni tampoco saber qué había sido antes de convertirse en…eso.

Se desplazó por encima del desordenado escritorio, reptando como una serpiente. Ocasionalmente, de su cuerpo informe brotaba un tentáculo elástico que tocaba lo que la rodeaba, ayudándola a moverse.

Sus ojos, brillantes como luciérnagas, se detuvieron en un papel impreso que estaba pegado a la pared con celo. En él se veía a una criatura parecida a un gato, de ojos achinados, largas antenas y color rosa pálido. Encima había escrita una palabra con letras desiguales:

“Gigi”

La criatura pasó de largo, sin saber que su existencia se había iniciado como la encarnación de aquel ser dibujado.

Gigi era una mascota cibernética, o cibermascota, o lo había sido hasta que su dueña se olvidó de alimentarla durante tres días, y murió de inanición. Hasta entonces, la pequeña gata, o lo que fuera, había vivido en una adorable caseta virtual, con bañera y jardín y salón y nevera, tenía amigos cibernéticos y, ante todo, pasaba horas y horas jugando con su dueña. Aunque a veces estaban en desacuerdo, Gigi amaba a la niña por encima de cualquier cosa, como toda buena mascota.

Gigi, o lo que había sido Gigi pero ya no lo era, bajó del escritorio de un salto suicida. Se aplastó contra el suelo, pero no le importó. No había dolor. No había nada.

Nada, excepto un ansia que roía esa sustancia gelatinosa que reptaba hacia la puerta. Un deseo irrefrenable. Un único anhelo. Una única necesidad.

Amor.

Gigi pasó por la rendija que había entre la puerta cerrada y el suelo. Se topó de bruces con la nariz del enorme san bernardo, pero no le hizo el menor caso y pasó de largo. El perro ladró, pero alguien desde una habitación lo mandó callar, y él, lloriqueando, se retiró a su alfombra.

La criatura que había sido Gigi siguió su camino. Tras ella dejaba un rastro negro: se deshacía. Pero le daba igual. En realidad, ni siquiera era consciente de ello. Sólo podía seguir a su instinto, y el instinto la guió, inequívocamente, a la habitación de la niña, su dueña, su amiga.

Ella aún tenía la linterna encendida dentro de la cama. Se encontraba leyendo en voz baja un cuento infantil, muy entretenida. La criatura, ansiosa, trepó por las sábanas, subiendo a la cama y llegando a la pierna de la niña.

Ésta gritó, espantada, y pataleó.

Gigi rebotó en la pared y chocó contra el suelo, dejando rastros negruzcos.

La niña, chillando, se puso de pie en la cama, mirando a la cosa gelatinosa con los ojos desorbitados de miedo. Pero la criatura no percibió su pánico, ni tampoco el dolor, sólo una intensa euforia que la llevó a acercarse de nuevo, intentando alcanzar a la niña.

Pero ella saltó sobre aquella cosa extraña y viscosa, chillando a pleno pulmón, y comenzó a patear.

Y Gigi, o lo que había sido Gigi, murió pisoteada por su dueña, que nunca supo lo mucho que su antigua mascota la amó hasta el último instante de existencia.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Mar Mar 16, 2010 9:06 pm

4. El Hombre Ideal


Él era el hombre ideal, en todos los aspectos.

Tenía veinticinco años cumplidos en Mayo; por tanto, su estación era la primavera, lo que lo convertía en alguien alegre y apasionado por naturaleza.

Era alto y esbelto, de músculos definidos pero no gruesos. No había pisado jamás un gimnasio: ese cuerpo de infarto era fruto de caminatas por el campo brazadas en la playa.

Su cabello era de color rubio oscuro, con reflejos dorados. Cuando la luz incidía directamente en él, lo convertía en un dios del sol, así, con todas las letras y virtudes divinas.

Y sus ojos…oh, esos ojos. El iris era del color del bosque profundo, un color verde oscuro que parecía contener maravillas y tesoros en sus adentros. Su mirada era viva, intensa y magnética, el tipo de mirada que te corta el aliento.

Pero no sólo era guapísimo. También era sano, ecologista, encantador, humilde, atento, responsable, caballeroso, detallista, y en el fondo de esos ojos se adivinaba el fuego de una pasión que podía llegar a ser deliciosamente abrasadora.

A estas alturas me estarás maldiciendo, preguntándote dónde demonios conocí yo a semejante príncipe azul.

Pues bien, le conocí…

…porque me atropelló.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por anasthinkings el Mar Mar 16, 2010 10:09 pm

¡Oh! ¡ Yo quiero un novio así! (Pero sin que me atropelle xD)

Muy buena la descripción y el final inesperado^^

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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Mar Mar 16, 2010 10:15 pm

¡Jojo!

Gracias xDDD Se me ocurrió todo esto justamente cuando un coche ha estado a punto de atropellarme esta tarde...El conductor no ha bajado a pedirme perdón por saltarse el paso de cebra, obviamente, ni le he visto la cara, así que no sé si será guapo o no...Pero mira, me inspiró xDD
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por anasthinkings el Mar Mar 16, 2010 10:18 pm

Curiosas las musas que a veces salen xD

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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por noemmmi el Jue Mar 25, 2010 6:34 pm

Me gustan mucho todos, pero el que mas me llamado la atención es Bullying, has tratado el tema de una manera diferente, es original, me ha encantado.

Un besito, espero leer pronto mas relatos ^^
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Miér Mar 31, 2010 2:46 am

¡Gracias, noemmmi! Me alegra que te hayan gustado ^^ Bullying es un poco especial para mí, refleja parte de lo que yo misma pasé en el instituto. Aunque supongo que muchos (en especial los aficionados a la lectura) hemos sufrido algo de acoso escolar xDDD

Ahí llega otro relatito Wink




5. Casualidades de la Vida


La joven regresó a la habitación sin encender las luces. El hombre la observó sentarse a su lado, de cara a la ventana, de modo que sus contornos quedaban perfilados por la luz de la luna. Era una de las imágenes más hermosas que jamás podría ver.

Se sentó para abrazarla por la espalda, apoyando los labios en su hombro y besando su piel con delicadeza. Ella sonrió, cerrando los ojos, dejando que su prometido la acariciara dulcemente.

- Mañana es el día. – Comentó él en voz baja.

La joven asintió con la cabeza. Al día siguiente…iban a contraer matrimonio. Llevaban varias semanas preparándolo todo, y ya casi había llegado el momento.

- ¿Recuerdas cómo nos conocimos? – Preguntó el hombre de pronto, divertido.
Ella rió al recordarlo.

- ¿Cómo podría olvidarlo? – Respondió.


Caminaba por la calle sin poner demasiada atención a su alrededor…al menos hasta que, de pronto, un hombre la cogió del brazo con cierta brusquedad.

- Disculpa, señorita. – Dijo con voz cascada.

Se asustó instantáneamente, pero de inmediato el hombre dejó de prestarle atención y se volvió hacia un muchacho que se tocaba la frente con una mano, suspirando.

- ¿Y bien? – Hizo, frunciendo el ceño. -¿Qué te parece?

- Papá, en serio…

- ¡Claro que en serio! ¿Es guapa o no es guapa?

- ¡Papá…!

La chica se ruborizó intensamente, sin comprender nada. El hombre volvió a mirarla.

- Probemos de otra manera. – Dijo. - ¿Qué te parece mi hijo?

Ella no creyó que pudiera sonrojarse más, pero lo hizo. Pudo mirar al joven detenidamente, dándose cuenta de que, en efecto…

- B-bueno, es-es guapo. – Tartamudeó.

- ¡Bien! Ahora devuélvele el piropo, hijo.

- ¡Papá, la cosa no va así…!

- ¡Sí que va así, maldita sea, si ves una chica bonita por la calle le silbas, carajo! ¿O es que te enseñé a silbar para nada?

- Pero papá…

- P-perdón…- Hizo ella. - ¿Pero puedo saber qué…?

- ¿Qué pasa? – El hombre hizo una mueca. - ¡Que mi hijo tiene veinte años y nunca ha tenido novia, eso es lo que pasa, maldita sea! ¡Ni siquiera se ha interesado por ninguna mujer! ¿¡Tú crees que es normal?!

- Papá, estoy esperando a la adecuada.

- ¡Romántico empedernido! ¡Eres incorregible!

El muchacho suspiró pacientemente, pero la chica ya lo miraba con otros ojos.



- Aquel fue el principio. – Dijo la joven.

- Sí.

- Tendré que darle las gracias a tu padre otra vez por elegirme a mí de entre todas las mujeres de la calle.

El hombre rió con suavidad y besó a su prometida en la mejilla. Juntos se tendieron en el lecho, esperando la llegada del amanecer, y con él el momento en que se unirían para siempre.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por anasthinkings el Miér Mar 31, 2010 3:56 pm

Es tan romántico... Sad

Fallos no he encontrado, me gusta muchísimo el ambiente que se respira en la historia y lo que describes al principio:

La joven regresó a la habitación sin encender las luces. El hombre la observó sentarse a su lado, de cara a la ventana, de modo que sus contornos quedaban perfilados por la luz de la luna. Era una de las imágenes más hermosas que jamás podría ver.

Sad

¡A ver si a mí también me encuentran un novio! xD

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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Lun Abr 12, 2010 6:10 pm

6. Cosas del metro


Baja las escaleras mecánicas, perdida en sus pensamientos, cruza los pocos metros que hay hasta la barrera, usa su T-50 y se dirige a los ascensores del fondo. Ella no me ha mirado. Pero, claro, ¿para qué va a mirar siquiera al chico de la información del metro, si sabe dónde está y adónde va?

Menudas curvas que tiene…Digo…¡Hola! Te estarás preguntando de qué demonios habla este pobre diablo, ¿verdad? Sí, claro, es bastante natural.

Mi nombre es Daniel, tengo 19 años y, como he dicho, soy el chico de información. Trabajo provisional, claro. Quiero ser veterinario, aunque mis notas son…en fin…Dejémoslo estar. En cuanto a aspecto, soy muy normal: alto, delgaducho, huesudo, de ojos color café y pelo revoltoso y castaño.

Vale, lo admito, tengo un pequeñísimo problema de granos. Pero nada más, ¿eh? Soy muy pero que muy normal.

Y de tan normal no ligo ni a tiros.

La chica de la que te estoy hablando es una jovencita que pasa por esta parada dos veces al día. Larga melena rubia y ondulada, ojos color caramelo (hm…caramelo…el que le pondría encima para luego…eu…este…dejémoslo), metro cincuenta y algo de altura (llavero, qué mona), curvas de infarto…

Tiene unos andares, oye, de diosa, de musa, de reina. Uff. Tanta elegancia no puede ser real. Menea ese traserito redondo que tiene, pero poquito, probablemente sin darse cuenta, y coge con un brazo su bolso, siempre cruzado, y el otro lo mueve al son de sus andares. La melena vuela a su espalda como un halo, como…como…mierda, qué malo soy para las palabras.

Eso sí, y contra todo pronóstico, viste modosita. Pantalones largos de cintura baja, sí, pero camisetas largas de manga corta, que se ajustan, pero no tanto como deberían. Si es que sus curvas me las sé porque anteayer llegó corriendo y empapada (no veas qué morbo, dios santo, estaba escultural, la ropa ajustándose a su cuerpo, el flequillo pegado a la frente, y ese pelo chorreando agua en su espalda…), y además hoy me lleva una camisetita apretadita de color azul, que la tapa el cuello, los hombros, el pecho y el estómago, pero deja a la vista su vientre terso y delicado.

Pero una tía así ni de coña se fija en un tipejo como yo. Vamos, es que ni soñando. Bueno, soñando sí.

¡Eh, soy un hombre! ¡También tengo derecho a soñar, y con la que me salga de los…los…! Los…¡cataplines! No te rías, os…tras. Que mi madre dice que ni piense palabrotas, oye, ¿qué quieres que te diga?

Bueno, volviendo a nuestro tema. Chica escultural pasa por la parada del metro dos veces al día, y que desde que trabajo aquí (sí, bien, es una semana) no me ha dirigido ni una triste mirada. Qué deprimente. Pero yo sueño con ella, oye, de verdad, es que está tan…uff, sin palabras.

Ey, pero que no tengo fantasías guarras, que eso no está bien. Que sí, que vale, que lo de tirarm…digo…hacer el amor con ella es una de las más recurrentes, pero ey, misionero, muchos mimitos y censurado. Bueno, la censura sólo a veces. ¡Eh, qué pasa! ¡Si no me la voy a tirar nunca, al menos puedo soñarlo!

Pero normalmente fantaseo sobre cómo me acercaré a ella cuando vuelva de donde sea que vaya.

Bien, bueno, esta es la definitiva. Esta vez iré y le diré…algo. Pensemos.

Señorita, ¿necesita ayuda?

Eh, al igual empiezo por ahí, me dirá que no y a tomar por ccc…c…traserín.

Pero, claro, si entro en plan ligón me lanzará una de esas miradas asesinas que mandan a veces las chicas, me dejará frito y, fiel a mi mala suerte, cogerá el bus en lugar del metro a partir de ahora.

¿Pero en qué maldito plan voy a entrar? Ligón, nada. Putón, menos (ups, eso ha sido una palabrota, ¡lo siento, mamá!), porque si entro put…eu…así, casi me manda a freír espárragos con todas las letras, y probablemente de forma más ruda; si es que a las chicas así, tan lindas, no les gustan los putt….puttt….eso. El papel chico-de-la-información tampoooooco sirve, porque si le pregunto si necesita ayuda me dirá que no (ey, eso ya lo había pensado, ¿verdad?).

Vamos, cabecita, rueda, mueve esos engranajes, traza un plan, tienes que hablar con ella hoy…

Ey. ¡¡¡¡EY!!!! ¿¡PERO CÓMO QUE YA SON LAS SIETE?! ¿¡DESDE CUÁNDO?! ¡¡PERO SI CASI…!!

Rectifico. Ella ya está aquí. Veo su linda carita entre las personas del ascensor que termina de subir. Las puertas se abren. Mierda, otro día sin hablar con ella. Mierda, mierda, mierda. ¡Sí, estoy soltando tacos, ¿qué pasa?!

La gente sale, ella la última, como siempre, porque prefiere ceder el paso a otros. Tan linda. ¡Yo la quiero, maldita sea! Me la comería de todas las formas en que se puede comer a una mujer. Menos canibalismo, por favor…Estoy loco, pero no tanto.

Anda los tres pasos que la separan de la barrera, moviendo ese traserín tan sexy, mirando al infinito sin prestar demasiada atención a cuanto la rodea. Se detiene un momento, y cuando las puertas de plástico se separan pasa corriendo. Siempre pasa corriendo. Es tan mona. Taaaaaaannn mona. ¡Yo la quieeeeeroooooo!

Algún desalmado pasa por su lado cerca de las escaleras y le tira el bolso. ¡Desgraciado! ¡Como te pille por aquí no te dejaré coger el metro, pedazo de animal!
El tipejo de mierda no se disculpa, ni ella levanta la mirada hacia él. Se acuclilla y comienza a recoger el contenido de su bolso, que se ha desperdigado por el suelo. ¡Maldito bastardo!

Sin pensar siquiera en lo que hago, camino hacia ella y me arrodillo.

- ¿Te ayudo? – Pregunto.

Ella alza la mirada. Me mira. Sus ojos de caramelo se fijan en mí. Se le encienden las mejillas y mira a otro lado, pero sus labios se curvan en una sonrisita tímida, adorable y encantadora.

- Gracias. – Dice con voz de ángel.

Y entonces me doy cuenta, no sé cómo, de que ella también se había fijado en mí.

En fin, cosas del metro.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por anasthinkings el Lun Abr 12, 2010 9:11 pm

Me ha encantado este último relato.
El personaje anda un poquillo salidito, pero me parece muy divertido la forma en la que se expresa y como se pone nervioso o evita las palabrotas.
A lo mejor un personaje de este tipo quedaría bien en una historia más larga, ¿no crees? Wink

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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Katniss el Jue Abr 22, 2010 12:31 am

El otro día leí el de Bullying, pero no comenté. Me gustó cómo estaba escrito y el tema, pero no me acabó de convencer por Nina. No sé, el personaje me dio como repelús xDD. Pero vamos, que eso es una sensación mía. Por lo demás bien.
Y ahora acabo de leer Casualidades de la vida y ese me ha gustado más. Me ha encantado ese encuentro, y ha estado muy bien que lo cuentes como si fuera un recuerdo. Ya me podría pasar a mí algo parecido Sad
Seguiré pasándome por aquí Smile
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Lun Dic 20, 2010 3:42 am

Este chiquitín es un microrelato que escribí para un concurso. Hace ya la tira, y obviamente no gané (se me dan fatal los micros), pero la verdad es que me cayó en gracia, así que aquí os lo dejo, a ver qué os parece Wink


7. Por favor, sea breve.

- Por favor, sea breve. – Dijo el hombre, desapasionado.
La mujer hizo un leve mohín. Luego, con movimientos elegantes, rodeó el escritorio, tomó al otro por los hombros para volverlo hacia sí y lo besó en los labios, larga, suavemente.
Sin esperarlo, él se hundió en aquella boca húmeda, cálida, acogedora. Sus manos, sin su consentimiento, se cerraron en la cintura de ella para atraerla hacia sí.
La mujer se separó entonces y lo miró a través de las largas pestañas. Él estaba estupefacto. Ella, satisfecha, sonrió como una gatita y se marchó del despacho.
- Sí. – Murmuró el hombre. – Muy breve.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

Mensaje por Ayashi375 el Jue Ene 27, 2011 10:17 pm

Aquí dejo uno de mis últimos relatos. Ya lo colgué en el blog, pero nunca está de más conocer vuestra opinión ^-^
Hace algún tiempo escribí uno con la misma temática...pero estaba mucho peor que este. Además, al terminar con el relato he pensado que podría ser el principio de una historia más larga. Todo se andará, claro...primero tengo que acabar con lo que tengo entre manos xD

Ahí va:


8. Bruja

No importó que clamara por mi inocencia.

No importaron mis lágrimas.

Ni mis intenciones.

No importó cuánto recé a los dioses por mi salvación, encerrada en aquella oscura celda de prisión.

Al amanecer los guardias encapuchados vinieron a por mí, y, atada con férreas cadenas, me condujeron a la plaza mayor, donde mi destino esperaba.

Todos me miraban con odio al pasar.

Todos me despreciaban.

A mis oídos llegaban insultos entre dientes, oraciones de protección. Como si yo fuera a atacarles…Yo, una muchacha de diecisiete años, menuda e inofensiva.

Era una rea condenada a muerte.

Condenada…al fuego.

¿Y por qué?

Por sanar a una moribunda anciana.

Por darle salud en su lecho de muerte, cuando el galeno había declarado que no viviría para ver un nuevo día.

Por utilizar un don para ayudar a un necesitado.

Simplemente…por ser mágica.



La magia, aterradora y maligna.

La magia, que corría por mis venas como mi propia sangre.

La magia, que aprendí a usar avivando cosechas y curando cabras enfermas.

Mis padres siempre temieron que se descubriera mi vergonzoso secreto, me rogaron desde la más tierna infancia que rechazara aquella aberración impía y maligna que se aposentaba en mi alma.

Intenté complacerles…De veras lo intenté.

Pero hacer magia era para mí tan natural como respirar, y a veces, simplemente, no podía evitarlo.

A la larga…eso fue lo que supuso mi destrucción.



- ¡Bruja!

Alguien me escupió en la cara. Yo, asqueada, intenté detenerme, limpiarme. Quise limpiar no sólo la baba que me caía por la mejilla, también todo mi cuerpo, mancillado por el sacerdote que intentó purificarme aquella noche.

Pero los guardias me obligaron a seguir caminando, y no tuve más opción que continuar el lento camino hacia la pira.

Mi vida había terminado antes incluso de verme atada en el poste.

Mis padres, al verme descubierta, juraron no saber nada de mi don y renegaron de mí como si fuera una paria.

Mis amigos me rechazaron públicamente en la detención.

Fue mi mejor amiga quien guió a la guardia.

Fui acusada de maligna brujería pro salvar a una anciana. Era irónico…cruelmente irónico.

Y aún así…

Aun así, yo…

Yo quería…

Quería vivir.

- Por favor…

Mis labios formaron las palabras, pero ningún sonido salió de mi boca.

A mis pies ya amontonaban paja y madera para quemarme.

Dejé caer la cabeza, derrotada.

- Por favor…

Apenas fue un murmullo trémulo que nadie escuchó. Nadie quería oír las súplicas de una bruja.

Nadie quería ayudarme.

Alguien…

Encendió el fuego.

Bruscamente peleé contra las cuerdas.

- ¡Por favor!

Las dos palabras salieron a borbotones de mi boca…Un grito de auxilio.

- ¡Por favor!

La multitud se agolpaba cerca de la pira, dispuesta a verme arder.

El fuego lamía la paja y la madera. El crepitar llenaba mis oídos…El calor…el humo nublaba mi vista.

No era humo. Eran lágrimas las que no me dejaban ver.

- ¡Por favor, no he hecho nada malo!

Mi voz se quebró de pura desesperación.

Iba a morir.

Iba a morir quemada…

Por salvar a alguien.

Por curar a un enfermo.

Por ser mágica.

- ¡POR FAVOR!

Me entró humo en la boca, y empecé a toser.

Las llamas se acercaban…

Ente la multitud distinguí un rostro que no mostraba odio ni regocijo.

Mostraba…consternación.

[Oh. Hay alguien…Alguien que se apena por mí.] Pensé, y aquello me hizo sentir mejor. [No estoy sola en el mundo.]

Una persona, una única persona, era suficiente si se afligía por mí.

Contemplando aquel rostro de rasgos bien cincelados, un rostro enmarcado en largo y lacio cabello negro…El rostro de un hombre resuelto y voluntarioso…

Contemplándolo…Empecé a llorar.

Intenté sonreírle, pero simplemente lloré.

Y cuando las llamas alcanzaron mi carne, mis sollozos se volvieron gritos de agonía.

Lo último que vi fueron sus ojos.

Azules como el más vasto cielo.

Luego sólo hubo oscuridad…Y el crepitar del fuego infernal.



Tranquila…Yo cuidaré de ti.
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Re: El Rincón de mis Relatos Cortos

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