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Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

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Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

Mensaje por Luchy Rct el Jue Abr 22, 2010 9:10 pm

Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

Hay adolescentes que buscan las respuestas en los lugares en donde no están. Hay adolescentes que buscan la salida más fácil y terminan perdiendo la vida. Sebastian es un paciente psiquiátrico que paso toda su vida juntando relatos de vida.

— Me dedicó a buscar historia motivadoras, Doctor.— Le sonrió desde el otro lado del escritorio del consultorio. Todo era blanco, lo enloquecía, pero había aprendido a vivir con ello.— Usted entiende, mi vida es un fracaso, pero siempre hay peores...

— O mejores.— Añadió el médico anotando la sesión en su libreta, preparándose para oír las tantas historias que Sebastian había preparado para la sesión del 1 de septiembre de 1992.

Buscamos pensión, vivimos en el balcón trata sobre todos aquellos relatos que Sebastian colecciono. Muchos de ellos no tienen hilos entre los otros, pero son unidos por su recolector. Historias de desamor, cartas, tragedias, aventuras y desventuras, pensamientos, pasos en la vida, venganza, y amor.

Espero que disfruten de ellos.
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Re: Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

Mensaje por Luchy Rct el Jue Abr 22, 2010 9:25 pm

001. Arrebato de Inocencia.

— Comenzaré con una que me llegó al corazón, Doctor.— Sebastian se recostó en el sofá y abrió su diario. Buscó, a su tiempo, el relato que quería compartir.

El Doctor, observó como las hojas de aquel cuaderno estaban amarillentas por el tiempo, arrugadas por el uso y manchadas por el viaje. Miró como su reciente paciente estaba emocionado por la atención que él le prestaba.

Se acomodo en su asiento, tenía el presentimiento de que sería largo.

— Tienes tiempo para leerme uno solo por hoy, ¿Está bien, Sebastian?— Estiró cada palabra como si hablara con un niño. Quizás así era.

— ¿Uno sólo? ¿Seguro?

El Doctor se sintió mal ante el desánimo del adolescente. Suspiró. Tendría que hayar una solución, ya era demasiado duro que un hombre de esa edad estuviese internado, no quería hacer que su estadía fuera todavía más tediosa.

— Tendremos una sesión de una hora cada día. Oiré uno por día, el que más te guste en el orden que quieras. A cambio media hora de nuestra sesión la usaremos para hablar de otras cosas.

— ¿Lo promete?— los ojos de él, hicieron que el Doctor no pensará al asentir con la cabeza.— Bien, es un trato.

Sonrió una vez más antes de empezar a leer.

¿Qué pasaría si cuando al fin te desdieras por algo, te lo arrebataran sin compasión?

Ella estaba dispuesta a hundirse socialmente por escapar con un obrero. Se había entregado a él incluso antes del matrimonio. Lo amaba. Era simple y conciso, sin vueltas. No le importaba renunciar a todo por lo que había luchado por años. Él valía mucho más que ello, aunque no pudiera ofrecerle ni la mitad de a lo que estaba acostumbrada.

Pero por desgracia los finales felices son ajenos a la realidad, pero ella no lo sabía. Siempre había sido una princesa y no esperaba que la situación cambiara de repente.

En toda película hay un villano. El acto más desleal fue que la persona que la llevó a la muerte fuera su prometido.

Y a segundos de desaparecer del mundo real lo entendió todo. Comprendió como había sido tan trivial hasta que su verdadero amor había llegado. Supo que a pesar de todo, moriría habiendo tomado la decisión correcta.

Él la vengaría, ella sabía que descubriría el culpable de haberlos separado. Estaba segura que lo haría suplicar por su muerte, porque él no perdonaría jamás que la hubieran violado y llevado a la muerte para tan sólo separla de su felicidad.

Confiando en sus cavilaciones, soltó su último suspiro.


— Te amo. [/i]

Sebastian se levanto del sofá y cerró el cuaderno. Estaba feliz de ser escuchado, pero aún lo estaba más al ver que el Doctor lo había escuchado. Sí, lo afirmaba por la expresión de su rostro.

Se despidió y salió del consultorio directo a la sala de correo, dejando al Doctor sumido en sus pensamientos.


Última edición por Luchy Rct el Jue Abr 22, 2010 11:21 pm, editado 1 vez
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Re: Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

Mensaje por anasthinkings el Jue Abr 22, 2010 10:44 pm

Me ha gustado la idea de los relatos contados por una persona con trastornos mentales, y que precisamente "el desvariado" nos haga reflexionar con historias de otros.

Eso sí, cuidado con las tildes:

— Comenzaré con una que me llegó al corazón, Doctor.— Sebastian se recostó en el sofá y abrió su diario. Buscó, a su tiempo, El relato que quería compartir.

El Doctor, observó como las hojas de aquel cuaderno estaban amarillentas por el tiempo, arrugadas por el uso y manchadas por el viaje. Observó como su reciente paciente estaba emocionado por la atención que él le prestaba.

Se acomodó en su asiento, tenía el presentimiento de que sería largo.

— Tienes tiempo para leerme uno solo por hoy, ¿Está bien, Sebastian?— Estiró cada palabra como si hablara con un niño. Quizás así era.

— ¿Uno sólo? ¿Seguro?

El Doctor se sintió mal ante el desánimo del adolescente. Suspiró. Tendría que hayar (esto más que un fallo será un despite xD) una solución, ya era demasiado duro que un hombre de esa edad estuviese internado, no quería hacer que su estadía fuera todavía más tediosa.

— Tendremos una sesión de una hora cada día. Oiré uno por día, el que más te guste en el orden que quieras. A cambio media hora de nuestra sesión la usaremos para hablar de otras cosas.

— ¿Lo promete?— los ojos de él, hicieron que el Doctor no pensará al asentir con la cabeza.— Bien, es un trato.

Sonrió una vez más antes de empezar a leer.

¿Qué pasaría si cuando al fin te desdieras por algo, te lo arrebataran sin compasión?


Ella estaba dispuesta a hundirse socialmente por escapar con un obrero. Se había entregado a él incluso antes del matrimonio. Lo amaba. Era simple y conciso, sin vueltas. No le importaba renunciar a todo por lo que había luchado por años. Él valía mucho más que ello, aunque no pudiera ofrecerle ni la mitad de a lo que estaba acostumbrada.

Pero por desgracia los finales felices son ajenos a la realidad, pero ella no lo sabía. Siempre había sido una princesa y no esperaba que la situación cambiara de repente.

En toda película hay un villano. El acto más desleal fue que la persona que la llevó a la muerte fuera su prometido.

Y a segundos de desaparecer del mundo real lo entendió todo. Comprendió como había sido tan trivial hasta que su verdadero amor había llegado. Supo que a pesar de todo, moriría habiendo tomado la decisión correcta.

Él la vengaría, ella sabía que descubriría el culpable de haberlos separado. Estaba segura de que lo haría suplicar por su muerte, porque él no perdonaría jamás que la hubieran violado y llevado a la muerte para tan sólo separla de su felicidad.

Confiando en sus cavilaciones, soltó su último suspiro.

— Te amo.


Sebastian se levanto del sofá y cerró el cuaderno. Estaba feliz de ser escuchado, pero aún lo estaba más al ver que el Doctor lo había escuchado. Sí, lo afirmaba por la expresión de su rostro.

Se despidió y salió del consultorio directo a la sala de correo, dejando al Doctor sumido en sus pensamientos.

También te he corregido otros fallos, pero son meras opiniones que tengo, así que tampoco te fíes de mí xD

Bueno, espero ver el resto de relatos por aquí. Very Happy

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Gracias por tu regalo, amiga invisible ^^
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Re: Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

Mensaje por Luchy Rct el Jue Abr 22, 2010 11:23 pm

Muchas gracias por las correcciones, soy muy mala con la ortografía (los tíldes no son lo mío como te habrás dado cuenta)

Edite el relato con las correcciones que hiciste Very Happy .
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Re: Buscamos pensión, vivimos en el balcón.

Mensaje por Luchy Rct el Miér Dic 08, 2010 4:54 am

002. Día libre - 2 de Septiembre.

A Sebastian le habían dado el día libre. Al contrario de los demás pacientes, no estaba muy contento con eso, al fin había encontrado a alguien que quería escuchar sus historias y le daban el día libre. Lo bueno era que no habría medicamentos, o tediosas charlas sobre los problemas emocionales, ni enfermeras que lo corrieran por todo el sanatorio para darle una inyección.

Se ducho tardando más de lo que lo había hecho en toda su vida, a decir verdad, solo quería gastar tiempo ya que no tenía ni idea de lo que podría hacer durante todo el día sin nadie que le diera una rutina. Era un problema, Sebastian se había acostumbrado a que le dijeran que hacer, y había olvidado por completo como era sentirse libre. Pero lo hecho, hecho estaba. Aunque él no merecía estar ahí dentro y, aunque ya se había acostumbrado a que lo trataran como el loco que jamás había sido; todo parecía como una buena película de terror.

Al ver su cuaderno gastado mientras se secaba el cuerpo y se vestía con sus ropas más sencillas, descubrió que podía empezar a usar su día libre de una forma útil y no derrochándolo a la deriva. Pero primero lo primero, debía conseguir un cuaderno nuevo, no quería mezclar su diario de relatos de vida con su libre de auto biografía.

Animado, quizás demasiado, corrió a buscar a su enfermera favorita. Patrick, era una mujer rechoncha y de anteojos, con un corazón noble y que siempre había consentido a Sebastian en todos sus caprichos por el simple hecho de que le recordaba a su difunto hijo. Sebastian, había escrito más de un relato sobre la vida de aquella pobre mujer, pero jamás se los había enseñado por miedo a dañarla justo en ese momento que parecía estar curando sus propias heridas. Y, como Sebastian había previsto, Patrick no tardó nada en conseguirle un gran cuaderno universitario nuevo para que él pudiera comenzar con su nuevo proyecto. Ella no lo dejo irse a trabajar sin llenarle una canasta con mucha comida deliciosa que no era propia del sanatorio, Sebastian despidiéndose con un beso y un agradecimiento, salió del comedor rumbo al jardín.

Era un jardín hermoso, Sebastian lo comparaba con el de un castillo inglés, pero todo el encanto que las flores y el césped brilloso podían tener se perdía por la soledad que tenía el lugar. Quizás no debería haberse sorprendido tanto de no encontrar a nadie allí, pero lo cierto era que Sebastian no quería estar completamente solo mientras debía recordar su oscuro pasado. Se tomó su tiempo para encontrar un gran árbol de cerezos para poder recostarse bajo su sombra y disfrutar del paisaje. Un par de veces observo con gracia como enfermeras y doctores pasaban corriendo por el jardín tratando de atrapar a un paciente rebelde que intentaba escaparse de allí.

Día primaveral, sol naciente, verdes hojas, brisa fresca… Todo estaba de su lado para que fuera un día hermoso, pero no lograba concentrarse en nada. Sebastian se daba cuenta del día privilegiado que le había otorgando y también sabía que lo estaba derrochando.

Recordar no siempre era bueno, no solo lo sabía por sus propias experiencias sino porque su vida se basaba en que la gente recordará aspectos tristes de su vida para que él pudiera escribirlos y enterrarlos, quizás, en el olvido infinito de los personajes. Pero ahora se trataba de él, de su historia. No era lo mismo, porque él sería el que escribiría y releería sus recuerdos para que en un futuro alguien pudiera disfrutar de la lectura. Deseaba que hubiese alguien parecido a él, que llegará y escribiera su historia para que él pudiera sacarla de su mente para siempre y otro cargará con ella. Pero ese era su trabajo, solo de él y no había dobles para facilitárselo.

Perdió la cuenta de los borradores que comenzó y que jamás continúo más de dos oraciones. A su alrededor, bajo aquel viejo árbol, se veía una triste escena: Sebastian sentado allí, rodeado de bolas de papeles y una canasta de comida que no había tocado.

Acabo tres lápices, la mitad del cuaderno, perdió casi todo el día y no escribió nada. No avanzo. Para su suerte, no era un joven que se dejará vencer fácilmente, de lo contrario en esos momentos no estaría allí. Sebastian se había prometido escribir y terminar su propia historia, tal cual hacía con la de los demás. Difícil, sí; pero no imposible.

Recogió los papeles y se puso de pie cuando el sol desapareció completamente y ya no podía ver nada. Quizás seguiría intentándolo en su recamará, mientras su compañero bulímico estuviera encerrado en el baño. O quizás podría hablarlo al día siguiente en su sesión con el Doctor. Posibilidades tenía millones, lo único que le hacía falta era juntar la suficiente fuerza para poner en práctica su proyecto. Para recordar con todos los detalles como la vida lo había torturado, y como de forma accidental, pero no casual; había terminado internado en un loquero sin ningún tipo de trastorno. O quizás, como era que se había acostumbrado a convivir con gente irracional, y ya no se imaginaba como sería su vida al salir de aquella clínica que lo había convertido en una persona que de otra forma jamás habría sido.
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