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Urbanos

Mensaje por Sweet Shadow el Jue Abr 22, 2010 11:52 pm

Estos son relatillos cortos que no tienen más hilo conductor que la ciudad como fondo. Surgieron tras leerme After dark, de Haruki Murakami, por el ambiente y eso. También están enfocados principalmente en jóvenes un poco suburbanos. Bueno, espero que os gusten =)

Índice:
  1. Time is running out.
  2. Mari y el minibar.


Otros:
Time is running out, de Muse.
Five spot after dark, de Curtis Fuller.
Me and the minibar, de The Dresden Dolls.

El relato Time is running out está publicado en el libro Mi afición desmedida por lo inútil (obviamente, soy su autora xD)

Time is running out


Un paso. Dos pasos. Sin prisas. Sin pausa. Una tos. Murmullos. El sonido del aire acondicionado de fondo. Es verano. Una biblioteca. No hay mucha gente. Son las siete doce minutos de la tarde. Allí, al fondo, hay una persona sentada. Sección de Ciencia Ficción. Es una joven. Lleva una trenza y gafas de montura negra. Tiene el ceño fruncido. Lee un grueso tomo sin apenas moverse.
Pestañea. Suena un móvil. La canción Time is running out, de Muse. Risitas. Más murmullos. La joven suspira. Deja el libro en su sitio. Se llama Edith. Lleva ropa informal. Recoge del suelo una vieja mochila marrón. Se va. El libro que ha dejado se llama Festín de Cuervos.
Pasa por el detector de metales. Edith sale a la calle. Hace sol y calor, pero no tardará en irse. Camina en silencio. La calle está desierta. Pasan tres minutos catorce segundos desde que salió de la biblioteca. La llaman al móvil. Lo deja sonar cuatro segundos. Lo coge.
-¿Diga?
-…
-Sí, ya voy para allá.
-…
-Lo sé, no te preocupes.
-…
-Sí, hasta luego.
Cuelga. Suspira. Se lleva una mano al pelo. Se suelta la trenza. Se cruza con un par de jóvenes en patines. Por la carretera va una Honda negra de último modelo. Acelera. La deja atrás.

Edith llega, veintitrés minutos cuarenta y seis segundos más tarde, a un edificio. Cruza la puerta. Baja al sótano. Allí hay unos siete jóvenes tocando jazz. Es Five Spot After Dark. Paran al verla entrar. Un joven rubio sonríe. Se llama Jackson.
-¡Edith! ¿Qué tal? No has tardado nada –dice. Ella recorre el lugar con la mirada. Le devuelve la sonrisa.
-Es que soy muy rápida.
Una chica ríe. Se llama Blair. Los demás sonríen. Deciden hacer un alto de diez minutos. Un chico llamado Peter guarda el violín. Se despide. Sube las escaleras. Otra chica limpia su clarinete. Es Claire. Dos chicos discuten sobre música electrónica. Otro se inclina sobre el teclado. Jackson se acerca a Edith. La besa.
-¿Cómo te va? –le pregunta.
-Bien. Ha sido un día tranquilo –le responde. El chico se seca el sudor. Hace calor allí abajo.
-Te compraré ese libro –dice él.
-Es muy caro –dice ella.
-Me da igual –dice él.
-¿Cuánto tiempo lleváis ensayando? –pregunta ella. Jackson piensa durante quince segundos.
-Cerca de tres horas –dice. Hace una mueca.
-Es mucho tiempo –dice ella.
-Sí, lo es –dice él.

Dos horas cuarenta y tres minutos dos segundos después están en el Seven. Un bar. Sentados frente a unos refrescos y platos de comida. Claire le sonríe a Will. Él enrojece y mueve el teclado. Jackson tiene que estirar las piernas. Edith charla con Blair y Adam. A él no le gusta la música electrónica. Por los altavoces suena Time is running out.
-Ha sido un ensayo brutal –dice Owen. A continuación empieza a devorar su segunda hamburguesa. Jackson asiente. Claire tararea una melodía. Es una de las que han ensayado. Es Five Spot After Dark.
-Pero Adam debe pulir un poco más el final –dice Will. El aludido ríe. Le da la razón. Blair pide otra cerveza.
-¿A dónde creéis que va Peter cuando termina? –pregunta Edith. Vuelve a tener el pelo recogido en una trenza. Owen se encoje de hombros.
-A su casa, ¿no? Sería lo más normal –dice Claire.
-No, porque la madre me llamó al móvil el otro día diciendo que Peter no le cogía la llamada –dice Jackson. Blair frunce el ceño. Saca un cigarro. Se lo pone en la boca. Lo enciende. Aspira.
-No estará metido en ningún rollo chungo, ¿verdad? –dice Will bajando la voz. Claire le mira. Él enrojece.
-Capaz es –dice Edith. Pincha la ensalada que tiene delante.
-Siempre le ha gustado andar con gente rara –dice Adam. Hace una mueca.
-Sí, como aquella vez… ¿Os acordáis? Casi me muero del susto –dice Owen entre sorbo y sorbo a su Sprite.
-Pero eso se acabó –dice Jackson. No sonríe. Juega con el hielo de su Coca-Cola.
-Esperemos –dice Blair. No sonríe. Fuma con el ceño fruncido. No hay gestos alegres ya. Todos callan. Bajan la mirada hacia su comida.
-Seguramente se ha hecho actor porno –dice Owen. Rompe la tensión. Todos ríen.

Edith está en su casa. Es de noche. Está tumbada boca abajo en su cama. Lee un libro. Es La mano izquierda de la oscuridad, de Úrsula K. LeGuin. A su lado está Jackson. Compone. Mira fijamente la partitura.
-¿Crees que Owen será capaz de tocar esto? –pregunta. Le enseña lo escrito. Ella mira. Un minuto trece segundos después habla.
-Si se lo curra, sí. Eres un genio –dice. Él enrojece.
-No lo soy –dice en voz baja. Ella sonríe. Le besa en la mandíbula. Vuelve a su libro. Jackson da un pequeño bote. Se lleva la mano al bolsillo. Saca un móvil Motorola. Vibra en la palma de su mano. Descuelga.
-¿Diga?
-…
-No, no está conmigo.
-…
-Ni idea.
-…
-No se preocupe. Seguro que está con alguna chica.
-…
-Sí, lo haré. La llamaré si sé algo.
-…
-De nada. Hasta luego.
Cuelga. Edith le mira. Él suspira.
-Era la madre de Peter. Dice que todavía no ha regresado –dice él.
-Son más de las dos de la mañana. No es normal en él –dice ella. Tiene el ceño fruncido.
-Por eso. Está preocupada. Me ha pedido que lo localice.
-¿Cómo?
-Dice que no le coge el móvil, no que lo tenga apagado.
Coge el móvil. Busca en la agenda. Llama. Frunce el ceño.
-No me lo coge –dice. Edith asiente. Le tiende su móvil. Un Nokia azul. Marca. Suenan cinco tonos. El contestador.
-Tampoco lo coge –dice él.
-No querrá que lo localicemos –dice ella-. Prueba a ocultar el número.
Jackson lo hace. Nada. Aprieta la mandíbula. Coge su móvil. Marca.
-¿Owen? Soy yo, tío. Mira, necesito que me hagas un favor.
-…
-Llama a Peter. Y si no responde, dame un toque.
Cincuenta y ocho segundos después en el móvil brilla una llamada perdida. Jackson hace una mueca. Gruñe. Edith está vestida. Coge su mochila.
-Vamos –dice ella.
-¿A dónde? –dice él.
-A comprar un móvil de usar y tirar –dice ella.

Interior del Weekend. Una tienda veinticuatro horas. Danny es el chico de detrás del mostrador. Sam es el tío grande de seguridad. Dentro de una cabina Gwen se pinta las uñas mientras mira de vez en cuando las cámaras. Por los altavoces suena música. Time is running out.
Dos jóvenes entran en la tienda. Son Edith y Jackson. Ella va directa al mostrador. Pide un móvil. El dependiente le sonríe. Intenta iniciar una conversación. Jackson se sitúa al lado de Edith. Le pasa un brazo por la cintura. Ella paga. Se van. Danny abre la caja registradora. Guarda el dinero. Catorce minutos quince segundos más tarde entra un chico encapuchado. Lleva una pistola.
Pero Jackson y Edith esartán en esos momentos en un pequeño parque. Habrá gatos. Edith acariciará uno. Jackson marcará el número de Peter.
Un tono.
Dos tonos.
Tres tonos.
Cuatro tonos.
Cinco tonos.
Contestador. Al otro lado de la línea Peter no contesta. Jackson tira el móvil. Con fuerza. Se rompe. El gato sale huyendo. Él se lleva las manos a la cabeza. Edith le abraza. La noche se cierne sobre ellos. Es una manta. Silenciosa. El tiempo corre.


Última edición por Sweet Shadow el Jue Abr 29, 2010 12:40 am, editado 2 veces
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Re: Urbanos

Mensaje por R. sin Anonimato el Vie Abr 23, 2010 2:49 am

Brutal. Que el hilo sea la canción, y cómo has introducido la canción en los golpetazos de la historia... brutal. Rápido, directo... urbano. Eres efectiva, ¿sabes? Me has dejado eufórica. Plam-plam.
Esto:

Dos jóvenes entran en la tienda. Son Edith y Jackson. Ella va directa al mostrador. Pide un móvil. El dependiente le sonríe. Intenta iniciar una conversación. Jackson se sitúa al lado de Edith. Le pasa un brazo por la cintura. Ella paga. Se van. Danny abre la caja registradora. Guarda el dinero. Catorce minutos quince segundos más tarde entra un chico encapuchado. Lleva una pistola.

Menuda perla.
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Re: Urbanos

Mensaje por Nanna el Sáb Abr 24, 2010 10:03 pm

Muy buen relato. Hay alguna frase que no me termina de convencer, pero hay ptras que me encantan, y compensa. Razz
El ritmo del relato me encanta, y el final es brutal.

¡Sigue escribiendo!
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Re: Urbanos

Mensaje por Sweet Shadow el Lun Abr 26, 2010 12:41 am

Muchas gracias a las dos n__n
La verdad es que era un experimento para ver si era capaz de controlar el ritmo y la tensión. Es decir, quise irla condensando hasta que estalla en el último párrafo.

R. sin anonimato: también es de mis párrafos preferidos =D creo que fue lo que mejor me quedó

Nanna: también me pasa eso xDD hay algunas frases que no me terminaron de convencer, pero no podía cambiarlas sin cambiar el sentido de la trama.

Y aunque parezca increíble, le puse el título para meter la canción. Después me fijé en que como título independiente le iba que ni pintado xDD

De nuevo, muchas gracias a las dos por comentar =D
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Re: Urbanos

Mensaje por otrasno el Mar Abr 27, 2010 5:40 pm

clown Muy bueno. A mí lo que me ha gustado son los guiños a todos los libros que has mencinado (Sobre todo Festín). Muy bueno y profesional, si señor affraid
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Re: Urbanos

Mensaje por Sweet Shadow el Jue Abr 29, 2010 12:36 am

Gracias, otrasno =)
Lo de los guiños a libros permite saber un poquito más sobre Edith y Jackson. Es decir, a ella le gusta la fantasía y la ciencia ficción, pero él es distinto. Porque no quiere comprar el libro para leérselo, si no para regalárselo a ella. Así que dice mucho de esos dos xDD

Y ahora, un segundo relatillo. Este era con el que el primero estaba en guerra xDD Porque no sabía si mandar ese o este... Y al final mandé el otro porque este sí es demadiado Murakami xDD

Mari y el minibar


Es algo totalmente exasperante para Mari, además de producirle una sensación de deja vú impresionante. Porque es ese maldito color rojo chillón y ese olor a ron y whisky. Otro endemoniado minibar.
Mari frunce el ceño y se lleva el dedo índice a la sien. El buen observador deduce que este gesto sólo puede significar una cosa: Mari está enfadada o molesta. Y es que a ella no le gustan los minibares. Le recuerdan una y otra vez esas fiestas de su hermana mayor y sus insoportables amigos de metro ochenta y espaldas de jugadores de rugby que la llamaban “cuatro-ojos” o “cerebrito”.
Vale, Mari es capaz de reconocer que a veces es un poco pedante y sabelotodo, pero tampoco es mala persona. Bueno, tampoco es que fuera alguien tan sociable como para resultar simpática a primera vista. De todos modos, ¿a quién le importa cómo es ella? ¿O cuánto sepa? Lo único en lo que eso realmente importa es en su trabajo, que hace más que bien.
Y es que nadie de los que creen conocerla desde hace años puede adivinar en qué trabaja Mari, la del pelo corto negro cortado casi a tijeretazos, la de las gafas, la de las sudaderas grises y negras, la de los vaqueros casi viejos y rotos… Nadie se espera que un día venga Mari y diga que trabaja para nada más y nada menos que una mafia.
Su trabajo no consiste en pegar tiros, ni lleva listas de enemigos. No. Mari se encarga de “limpiar” los sitios, controlar que todos los aspectos de contabilidad, logística y papeleo legal estén arreglados. Porque ella es muy inteligente y puede con todo.
O casi todo. No soporta los minibares rojo chillón.
Ella está ahora en una habitación, en un Love Hotel de aspecto llamativo sólo por dentro. No está allí por gusto, es sólo parte de su trabajo, es sólo una de las “chicas”, que ha recibido esa noche una paliza de un tipejo indeseable. La joven en cuestión es de los Países Bajos, de Flandes, así que nada más domina el flamenco y el francés. Nadie más que Mari sabe idiomas (a excepción del italiano, claro. Son mafiosos) así que la mandaron allí a pesar de que cuando se lo dijeron Mari frunció el ceño y se llevó el dedo índice a la sien. No le gustan los problemones de este estilo, pero tampoco tiene la suficiente sangre fría para dejar tirada a una pobre chica.
La llaman Annie, aunque Mari no sabe por qué, ese no es su nombre verdadero, y tiene el pelo largo y rubio, al contrario que ella. Está llorando en la cama y Mari se siente incómoda y casi culpable por lo que le ha pasado. Aunque Annie es de las pocas “chicas” que “trabajan” de forma voluntaria en la “compañía”. De todas formas, por primera vez Mari no se puede concentrar bien. Maldito minibar.
-¿Annie? –la llamó sin acercarse, con el ceño fruncido y el dedo índice en la sien. La aludida levanta la cabeza. Aparte de un leve rasguño en la ceja y en el puente de la nariz, su cara está en perfectas condiciones. No así el resto de ella, con moratones variados. Cabrón, se oye murmurar Mari, sorprendiéndose a sí misma. Sacude la cabeza.
-¿Qué te han quitado? –le pregunta en flamenco. Se siente mejor al verla sonreír, y contesta:
-La cartera, el móvil y el reloj.
-¿Sabes cómo se llamaba?
-En recepción dijo algo así como Roger Thompson. Me acuerdo porque mi padre tenía una Thompson automática.
Eso último no le interesa a Mari, que vuelve a fruncir el ceño y llevarse el dedo índice a la sien. Pero, como no quiere ser antipática con Annie, sonríe.
-No te preocupes. Toni y Dean lo encontrarán y le darán una paliza de alucine. –A Mari no le gustan las peleas, ni esos dos tipos, en especial Dean y su sonrisa de yo-soy-lo-mejor-con-lo-que-puedes-soñar. Por lo menos se consuela al pensar que no son fríos con las chicas atacadas.
Annie se incorpora y busca su ropa, que se halla en un pulcro montón sobre un sillón negro. Se la pone y Mari mientras aparta la mirada, ruborizada. Siempre se siente incómoda al ver a una de las “chicas” desnudas. Ya con la ropa puesta, Annie se sienta en el sillón de color negro. Mari cae en el otro, intentando no mirar el minibar, ignorándole.
Annie se sorbe los mocos.
-Necesito un trago –sentencia, inclinándose sobre el rojo minibar. Mari frunce el ceño y se lleva el dedo índice a la sien. Pero Annie no se da cuenta, no la mira, se sirve un whisky caro. Total, la habitación ya está pagada. El líquido reluce, Mari se queda hipnotizada con el fulgor dorado, centelleante.
-¿Cómo es que una chica como tú está trabajando con esta gente? –le pregunta Annie, entre buche y buche.
-Realmente no lo sé –dice Mari tras unos minutos reflexionando-. Supongo que quería hacer algo que sorprendiera a los demás.
Un silencio incómodo, y Mari se pregunta por qué se ha sincerado con ella.
-Pues no te pega mucho –comenta Annie-. No te lo tomes a mal, pero tienes toda la pinta de ser la típica científica rarita, excéntrica y repelente.
-No me gusta mucho la ciencia –declara Mari, y Annie entonces ríe, dejándola estupefacta.
-Cualquiera lo diría –consigue decir entre carcajadas. Se inclina y prepara un segundo whisky que tiende a Mari, y ella acepta sin decir nada.
-En verdad me alegro de que estés aquí –continúa Annie cuando la risa desaparece-. Es que la “compañía” consiste en tipos duros y gente que no es de fiar, ¿sabes? Tú tienes algo que hace que confíe en ti.
Mari enrojece y bebe. Annie no habla más.
De repente suenan unos pasos presurosos y alguien abre la puerta. Es Toni, con su pelo rubio echado hacia atrás, con sus gafas de policía fascista, con su camisa azul remangada y una pistola en el cinturón.
-Mari, ¿qué has averiguado?
Annie se encoje un poco en el asiento, pero Mari hace bien su trabajo y se incorpora, dejando el vaso en una mesita cercana.
-El nombre que el tipo usó fue Roger Thompson, y solo se ha llevado cosas de valor.
-¿Eso significa que el tío era un vulgar ladrón?
-No lo sé. Ese es tu trabajo, ¿no?
-¿Y por qué le ha pegado?
Mari pestañea y maldice el minibar. Frunce el ceño y se lleva el dedo índice a la sien mientras se gira hacia Annie.
-Annie, ¿sabes por qué te atacó? –le preguntó en flamenco. Ella niega con la cabeza.
-Cuando llegamos, me mandó desnudarme –cuenta, sin apartar los ojos de Toni-. Después empezó a pegarme, y te aseguro que no era “sado”.
Mari asintió, sintiendo una punzada de compasión. “La pobre ya tiene suficiente con vender su cuerpo”, piensa Mari, “encima le pegan. ¿En qué mierda me he metido?” Pero sabe que no va a dejar el trabajo, que necesita romper con los esquemas de la normalidad.
Mari traduce lo que ha dicho Annie, y Toni asiente, se da la vuelta y está a punto de salir cuando se detiene.
-Por cierto, Mari –le dice con una sonrisa-. ¿Te apetece salir el martes a cenar?
Y Mari aceptará y se quedará en la habitación con Annie pensando que Toni es guapo y no tan antipático. Y el martes se arreglará por primera vez en su vida. Después de una cita fabulosa, vendrán más hasta que un día un mes después se irán a casa de Toni.
Pero aquí hay un minibar rojo chillón. Mari frunce el ceño y se lleva el dedo índice a la sien. Él alza una ceja y le pregunta qué le pasa.
-Odio los minibares rojos chillón –declara Mari, sin preocuparse con quién se sincera. Le gusta mucho Toni.
Él sonríe.
-Yo odio los jerseys de color verde.
Y Mari sonríe y se quita el jersey.
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