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mi relato corto - 3 DÍAS

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mi relato corto - 3 DÍAS

Mensaje por Bruna el Miér Mayo 12, 2010 9:14 pm

3 DÍAS

14 de junio

No podía dormir, daba vueltas y más vueltas a lo que ya venía siendo mi soledad nocturna. Nada era como tenía que ser, no podía cerrar mis ojos i los nervios me rizaban cada parte de mi cuerpo. La cama se mezclaba a cada vuelta que daba sobre mi misma i el corazón me latía con fuerza. No podía concentrar-me, me costaba mucho trabajo respirar, era imposible dejar de pensar. Mi cabeza no paraba, iba a tanta velocidad que me era prácticamente imposible de seguir. Estaba tan perdida y débil, me sentía frágil e insignificante ante lo que la vida podía darme.

- amor qué te pasa? – su voz era suave y cálida, cariñosa y amistosa, sincera.
- no puedo dormir, no puedo relajarme, no puedo… - el sonido se me rompía con un nudo persistente en la voz atormentándome con un fuerte dolor.
Se lo quería contar, le quería contar todo lo que me sucedía, quería hacerle partícipe de mi mundo, pero tenía tanto miedo… si él descubría que yo no era así, si él descubría que en mi interior no era todo luz, si él descubría que yo era diferente se alejaría de mi; mis fantasmas acabarían con él, yo misma acabaría con él, i y él no volvería nunca más.
- estoy aquí, todo va a ir bien
A medida que hablaba sentía su voz cada vez más cerca. Aunque sólo fuese un pequeño suspiro ante la oscuridad de la habitación, yo sabía que él se acercaba, sabía que él venía a mi
- como puedes estar tan seguro? – las primeras lágrimas llegaban a mis ojos con una facilidad aterradora, me sentía tan vulnerable a su lado…
- porque estoy aquí, estoy aquí por ti
Su peso encima de mi cama ni siquiera me sorprendió, de hecho yo ya lo esperaba, lo deseaba, ansiaba tenerlo más cerca, quería que no se alejase, anhelaba poder retener-lo siempre allí, hacer que todo fuese real.
- los dos sabemos que realmente no estas aquí – las agujas que se me clavaban en el corazón eran insoportables.
- es nuestro momento, qué importa más que nosotros?
- todo… - respondí a penas con un hilo de voz; no podía ser de otra forma, lo deseaba – por qué has venido?
En cuanto lo dije me arrepentí, en seguida me di cuenta que no lo había expresado como realmente quería que sonase, no quería que se lo tomara mal, no quería que me malinterpretara, que pensase que yo no lo quería allí, pero… quizás hubiese sido mejor, quizás hubiese sido mejor si él se hubiera enojado, quizás sería mejor si él realmente me viese y se diera cuenta que debía dejar de venir, dejar de darme todo lo que me daba.
- sentía como me llamabas, tu intensidad es cada vez más fuerte, cada vez me cuesta más no acercarme a ti cuando siento que me llamas.
Mi respiración se entrecortó en cuanto noté el suave tacto de su piel en mi rostro. Me acariciaba las lágrimas, las absorbía con la palma de su mano… su tacto hacía que mi corazón de hielo empezase a calentarse, me hacía sentir viva como nunca antes había sentido.
- no te llamaba – encaré finalmente en cuanto pude dejar de centrar-me en sus caricias
Porqué lo negaba? Los dos sabíamos la verdad, los dos éramos conscientes de la dependencia que él creaba en mi, de la necesidad que yo tenía de estar con él a todas horas, a cada minuto, a cada segundo.
- estás mejor?
El tacto de sus caricias pasó a mi pelo; era tan dulce que me parecía totalmente increíble, prácticamente imposible… cómo podía él estar ahí? Estar tan cerca de mi, tratándome de la forma que lo estaba haciendo, sintiéndome a mi misma tan especial…
- qué me pueden dar estos momentos cuando lo que realmente siento es el dolor que se apoderará de mi cuando… - la voz se me rompió, no podía expresarlo en voz alta
- siempre estaré contigo
- si es verdad, por qué no siento que lo pueda compartir?

I entonces él se fue, mi rostro se volvió a enfriar, mi corazón se volvió a helar; el lugar que había estado ocupando se fue volviendo cada vez más frío, cada vez me costaba más mantener su aroma, recordar su voz…
Como podía mostrarle realmente quien era? Cómo podía realmente dejar que viese lo que realmente había en mi si ni siquiera tenía la oportunidad? Siempre se alejaba, él siempre se iba… i luego la sensación era mucho peor, luego la tormenta era insoportable i la oscuridad tan penetrante que eliminaba todo rastro de emoción, porque cuando él no estaba a mi lado la caída de mi mundo era terriblemente abismal.

15 de junio

Sólo había pasado un día y me había parecido totalmente eterno, interminable. No era capaz de identificar el paso de las horas, el paso de los minutos, el paso de los segundos; todo era tan terriblemente pesado que me daba la impresión de estar ahogándome.
Él tenía razón, era yo quién lo llamaba, era yo quien le pedía desesperadamente que se reuniera conmigo, que me llevara con él allí donde nunca más podría sentir de nuevo este horrible dolor.
La noche era cálida, la temperatura había estado muy alta durante el día, pero ni siquiera lo había notado; seguía sintiéndome fría.
Haciendo un esfuerzo miré por encima de la doble almohada que tenía reposando bajo mi cabeza para así acercarme al radio despertador que tenía en la mesilla. Las doce y media; en casa había el silencio, en la calle reinaba en silencio, en el pueblo yacía el silencio. Ya no estaba segura si todo era producto de mi mente, si todo era a causa de mí, si era yo quien realmente lo creaba o simplemente era la verdad de mi alrededor. Posiblemente nunca lograría saberlo.

- cómo te encuentras hoy?
Di un salto en cuanto escuché su voz al lado de la ventana. Era oscuro, no podía ver nada, pero sabía perfectamente donde él se encontraba, sabía cuan lejos estaba de mi y la atracción que sentía porque los metros que nos separaban desapareciesen tan rápido como mi respiración se aceleraba en todo mi cuerpo.
- te he echado de menos – confesé avergonzada y sin pensar
- no has respondido a mi pregunta – noté su enojo en cuanto su voz se volvió tan áspera que creí desquebrajarme
- no hay nada que responder – logré decir a la defensiva
- no puedes ver cuan preocupado estoy? – su voz seguía, y él se mantenía tan lejos…
- ver? No veo nada...
Por qué me comportaba de ese modo? Por qué estaba intentando discutir con él? Qué me estaba ocurriendo que no podía ni disfrutar de los pocos minutos de humanidad que tenía?
- no te enojes, por favor – su voz había vuelto a cambiar, dulce, suave, sexy…
- ayer te fuiste, yo… - cómo iba a contarle? No podía esconderle más, necesitaba decirle todo lo que me ocurría, necesitaba mostrarle quién era yo realmente aunque el miedo que sentía ante su rechazo era totalmente abrasador – yo…
- lo siento – me dijo antes yo pudiera continuar, había notado mi momento de debilidad?
No sé ni porqué tenía alguna duda, él siempre lo notaba todo, siempre estaba al caso de todo, constantemente pendiente de mi aunque yo sentía que no lo merecía, que yo no le merecía.
- acércate – medio susurré, totalmente avergonzada por reconocer en voz alta cuanto me dañaba su lejanía.
- no quiero hacerte daño
- no quiero que lo hagas – reconocí más por mi misma que por él, ya que estaba totalmente convencida que cuando él estaba cerca yo simplemente perdía el norte y toda razón posible, independientemente de cómo me pudiera sentir después.
A pesar de todo me hizo caso, se reunió conmigo, se apresuró a mi lado, se acurrucó en mi cama, tan cerca cómo yo deseaba, tal y como yo necesitaba. La energía que desprendía era tan cálida que me hacía ruborizar y temblar; cómo podía alguien hacerme sentir de tal manera?
Nos mantuvimos allí, en silencio, totalmente ajena al tiempo, centrándome en su respiración y intentando sincronizar la mía a la suya, imaginando como sería estar con él, como sería poder controlar todo, como sería poder liberarme de todo lo que me oprimía el ser sin tener el miedo a la soledad más infinita.
- en qué piensas? – me dijo como si pudiera notar el sufrimiento en mi interior
- en lo diferente que podría ser todo
La tristeza me hacía volver las ganas de llorar, quería hundirme en su pecho, quería abrazar-lo, olvidar el mundo, desahogarme con él, quería por encima de todo poder cambiar aquello que estaba por venir y no podía evitar.
- nunca has pensado que puede que estemos aquí justamente por eso? Por qué no podía ser de otra forma, sino que simplemente tenía que ocurrir?
Cómo podía responderme de la forma en que lo hacía si ni siquiera sabia nada de mi? Ojala pudiera decirle cuan mal había en mi sabiendo que iba a reaccionar tan comprensivamente como parecía entender mis pensamientos.
- por qué te fuiste ayer?
- tuve que hacerlo
Odiaba cuando se ponía así, pero quién era yo para reprochárselo? Quién era yo para exigirle nada si ni siquiera era capaz de contarle la verdad sobre mi?
No podía soportarlo más. Él estaba encima de mi cama, a escasos centímetros de mi; sólo nos separaba el aire y la tela que me cubría en la noche, pero yo necesitaba más de él. Como si lo notara me ofreció sus brazos y sólo tuve que deslizarme un poco para mezclarme entre ellos. Se sentía tan bien estar a su lado que podría imaginar estar simplemente soñando en uno de esos momentos por los que valdría la pena ceñirme a mi vida.
- quédate conmigo esta noche – le susurré despacio, intentado persuadirle con mi voz más seductora aún sabiendo la respuesta. Él nunca se quedaba, él siempre se iba.
- pronto

Y así me quedé finalmente dormida, en sus brazos, notando como mi cuerpo se iba relajando, se iba yendo más allá, en donde yo no podía controlar, donde realmente se mezclaría con el subconsciente. Solamente esperaba poder volver a encontrarme con él allí, poder volver a sentirlo; atraerle de nuevo a mí en mis propios sueños, como conseguía hacer en aquellas últimas noches de verano.

16 junio

Recordé haberme quedado dormida en sus brazos, ahuyentando mis pesadillas y mis peores temores, sintiéndome segura i por primera vez olvidando que el gran mal estaba por llegar. No tardaría en venir a recoger-me, lo presentía, lo sentía en cada centímetro de mi piel, en cada escalofrío que recorría mi espalda, en cada terrible parte de mi cuerpo; era inminente, no podía alejarme, no podía huir, la oscuridad me devoraba tan de prisa que a penas podía mantener la cordura, seguir pensando en mi como mi misma, ajena a todo, a cualquier tipo de sentimiento, a toda relación con el exterior excepto con él. Él era la única unión que me mantenía cercana al resto del mundo.
Estaba asustada, terriblemente perdida ante la inminente fallida de mis fuerzas, totalmente descompuesta, no podía tardar. El presentimiento que oprimía mi estómago junto a mis entrañas era innegable, no cabía duda, no podía esconder-me, finalmente ella me había encontrado, finalmente la oscuridad vencía mi luz y no podía hacer otra cosa que dejarme llevar hacia la lejanía; allí donde todo sería nuevo, allí donde nunca sabría como volver.

- no temas – me dijo él de pronto a mi lado.
Era la primera vez que no se hacía de rogar, no tenía que suplicarle para que se acercara a mi, no tenía que esperar a que él se decidiera, simplemente lo había hecho, y sin darme cuenta él había aparecido a mi lado; su piel rozaba la mía, podía sentirlo tan cercano… un pequeño oasis en mi desierto sediento particular.
- no tengo tiempo – tenía que contarle todo antes no fuera demasiado tarde, se lo debía.
- shhh – me hizo callar reposando un dedo encima de mis labios.
Era tan suave… un corriente de electricidad recorriendo mi cuerpo a gran velocidad, una pequeña paz en el infierno, él era todo lo que yo podía desear.
Pensé que podía dejarme llevar, lo pensé realmente, pero no podía, tenía que contarle.
- yo… - me dolía todo el cuerpo, a penas un último esfuerzo.
- no tienes porqué decirme nada, solo relájate, estoy aquí – se acercó un poco más, si es que eso era aún posible; lo tenía prácticamente encima de mi, tan cerca que su respiración entrecortada parecía la mía, electrizante, irregular… me alarmé.
- qué te pasa?
Una de sus lágrimas rozó suavemente mi mejilla y se deslizó hacia mi pelo suelto encima de la almohada. Estaba llorando? Cómo?
- no es nada – me respondía librándome de uno de sus brazos mientras imaginé se secaba el rostro.
- qué ocurre?
- no temas, estoy aquí – pero yo no podía creerlo, no en este momento, no ante lo que mis presentimientos proyectaban en mi realidad. Porqué no podía dejar de decirme que tenía nada que temer?
- lo sabes, no? Yo… - mis palabras salían abarrotadas en mi boca sin esquema ni medida - … sé que debería haberte contado, sé que…
- tranquila, todo irá bien – su voz ésta vez parecía más calmada, pero no era ése el efecto que causaba en mi, no era ésa la sensación que yo tenía; para mi era todo tan difuso, todo tan desquiciante, realmente fuera de lugar…
- puedes irte si quieres, no tienes porqué quedarte aquí
Por mucho que mis palabras me dolieran no podía hacer otra cosa, no podía negarme a la evidencia de lo que me iba a convertir. No sería agradable, no le portaría nada bueno, simplemente era… horrible.
- no lo entiendes aún?
Realmente no. Me sentía confundida, mi visión poco a poco se estaba yendo ante una gran nube gris de oscuridad; sentía como cada vez me costaba más respirar i mi pulso irregular me provocaba sofocones tan dolorosos que me provocaban un deseo aterrador de gritar.

Entonces él se medio incorporó, y me detuvo en sus brazos tan fuerte que a penas podía respirar. Era como si él pudiera sentir todo lo que me ocurría, como si él supiera exactamente el dolor que sentía e intentara ante todos los medios de calmar. Sólo él podía, y ambos lo sabíamos. Y entonces lo vi, por primera vez sus rasgos eran evidentes a mi visión; su pelo oscuro alborotado, sus ojos azules mar, su sonrisa apenada; era el chico más guapo que nunca hubiera podido imaginar, su rostro era tan imponente que no pude evitar preguntarme qué hacía allí, qué hacía perdiendo el tiempo conmigo, con una chica cómo yo.
- no te das cuenta de lo especial que eres verdad? - parecía tan triste…
- me muero – le dije finalmente con una punzada en mi corazón
- lo sé – otra lágrima cayó desde sus hermosos ojos, resbalando por su mejilla. No quería verlo así, era demasiado doloroso, era mucho peor que todo este dolor que me estaba oprimiendo cada parte del cuerpo.
- lo sabías?
- siempre lo he sabido – dijo finalmente, sin dejar de mirarme, apretándome de nuevo en su pecho, manteniéndome sujeta en su corazón mientras sus brazos se cruzaban en mi espalda.
- y aún así… - no podía entenderlo
Qué hacía él aún conmigo? Si lo había sabido des de un principio, si había sabido todo lo que me sucedía como había podido simplemente quedarse a mi lado a… a verme morir.
- no eres real, verdad? – Estúpida de mi, cómo podía haberme dejado llevar así.
- sí y no – respondió finalmente – es más complicado que esto
- estoy muerta ya y no me he dado cuenta? Es una especie de transición rara que le pasa la gente cuando muere? – explícate! Necesitaba gritarle!
Mis lágrimas caían una detrás de otra, sin pausa, dejando ir con ellas las últimas fuerzas que aún podían mantenerse dentro de mí.
- te dije que tu me llamabas
- sí – asentí a media voz, me miraba tan fijamente que me era prácticamente imposible dejar de mirarlo, me tenía totalmente hipnotizada.
- y siempre me preguntas el porqué de mis idas…
- sí – es que no podía decir nada más?
- sólo puedes verme cuando tu estás cerca de ella – parecía que las palabras le dolían tanto como a mí
- de la muerte?
No me hacía falta la respuesta. Ahora lo entendía todo, por fin todo tenía sentido, era tan irreal… él era la muerte, él era aquello contra lo que había luchado tan ferozmente durante los últimos meses y de lo que finalmente me había enamorado. Amaba mi otra vida, amaba mi nuevo comienzo, y por eso le amaba tanto a él, porque él era el símbolo del fin de mi sufrimiento, el símbolo de mi paz interior.
- por eso cuando me encontraba mejor tu desaparecías – recité más por mi misma que por él, simplemente pensaba en voz alta.
- pero no podía dejar de pensar en ti – él también lloraba
Se veía tan cálido que me era casi imposible imaginarlo cómo lo que era, alguien quien había venido simplemente a ayudarme a cruzar.
- te quiero – le dije – siento que todo esto es tan real… que lo nuestro es tan real…
- y lo es! No lo entiendes? – Aún me presionaba entre sus brazos – vendrás conmigo.
Pero a mi ya me costaba tanto concentrarme…
- tengo miedo – confesé
- si estamos juntos no tienes nada que temer
- qué pasará cuando… - no quería decirlo en voz alta, no quería expresarlo en palabras
- empezaremos de nuevo, no te volveré a dejar, te lo prometo; te quiero.

Ansiaba tanto oír esas palabras que el corazón me dio un vuelco, y no precisamente de dolor, esta vez era cálido; sentía que el hielo dentro de mi estaba completamente deshecho i se esparcía por cada uno de los escondrijos de mi ser, llenándose de vida ante su calidez.
Y entonces me besó, de modo que todo a mi alrededor desapareció; sus labios se llevaron todo aquello que aún me mantenía aferrada a la vida, a mi familia, a mis amigos y a mis deseos; porque en ese momento todo dejó de importar, el mundo dejó de girar, yo dejé de respirar; aferrándome a sus besos, aferrándome a sus brazos, aferrándome a su cuerpo y a su vida, porque él me abría las puertas de su corazón.

FIN

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