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Mi extraña

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Mi extraña

Mensaje por Adrier el Lun Jul 05, 2010 12:44 am

El sol ha salido y sólo me queda tu recuerdo.
En la cama, allí donde tu cuerpo se posó durante una noche, aún se sigue disfrutando de la fragancia de tu perfume, rosas dulces en armonía con el sudor de la pasión en las tinieblas. Aún siento tu calor, aquel calor lujurioso, aquella calidez que tu sexo desprendía, anhelante llamamiento y bienvenida al país de las maravillas.
Me incorporo de la cama y me levanto, perezoso y nostálgico, en busca de un simple motivo para estar levantado y no abandonarme de nuevo al sueño, lugar donde podría tenerte de nuevo…allí en el reino de los sueños. Es tentadora la idea, sin embargo, hago caso omiso a mis deseos y obligo a mis huesos a moverse, los cuales crujen y se quejan, prefieren seguir descansando en el limbo. Los ignoro y mis pasos desayunan el pasillo. Lanzo un suspiro añorante y mi corazón palpita los recuerdos; recuerdos perdidos en la oscuridad de la noche, apenas vencido por una escasa bombilla macilenta colgada de un cable en el techo, recuerdos que me asaltan la mente y me hacen desear una y otra vez tus besos.
Avanzo dando traspiés hacia la cocina y, tras acostumbrarme a la deslumbrante luz que apuñala la sala, me preparo café en una taza polvorienta. Después, una vez echado el crudo en el vaso, observo su contenido y mis ojos se clavan en el color negro del desayuno. Busco tu rostro en el color azabache, en el reflejo de ese sombrío charco que sólo me devuelve la imagen de un hombre mal afeitado; aunque peor es el otro reflejo, aquél que surge segundos más tarde tras prestar un poco de atención, pues es la imagen de un ser solo y abandonado, como un triste perro que nadie quiere y llora lágrimas de pienso en un rincón solitario.
¿Dónde estarás ahora, mi Venus? Posiblemente muy lejos; te has marchado a la mañana, nada más el sol comenzaba a despuntar en el cielo. El día sólo era un recién nacido cuando el sonido de la puerta me ha despertado. El otro lado de la cama, donde tú habías permanecido minutos antes, ya se había inundado con la marea de la soledad y el vacío. Entonces, tras lanzar un cansino y resignado suspiro, volví a cerrar los ojos, dispuesto a ignorar durante un momento que ya te habías ido.
El café atraviesa mi garganta y quema mis sentidos, despertando la conciencia que aún permanecía adormecida. ¿Qué hacer ahora? ¿Qué hacer cuando mi alma sólo quiere rebobinar la cinta de la vida y repetir la escena de anoche? Lo único que se me ocurre es volver a la habitación y así lo hago. Durante unos instantes, me quedo contemplando las sábanas que habían tapado tus secretos; aquellos mismos secretos que la pasión me susurró entre vergüenzas al oído en aquel baile de lo permitido y lo anhelado. Acaricio con mis manos la suavidad de tu recuerdo, sábanas blancas sudorosas, y me siento en su borde mientras los muelles del colchón lanzan un quejido de molestia. Sin embargo, los ignoro: son demasiado quejitas y anoche no dejaron de reprocharme tanta actividad.
Los suspiros se suceden, escapando de mis labios, dándose a la fuga en la cárcel de los sentimientos contenidos. Ahora ya no tengo miedo de amarte, ya no tengo miedo de escribir poemas que te llamen, ni de cantar baladas con una guitarra desafinada. Te amo…y la soledad no deja de recordármelo; el vacío no deja de repetírmelo al oído, gritándome en los tímpanos. Te amo y el tiempo se torna demasiado largo, tanto que mi corazón se desangra con cada latido que da, con cada segundo que pasa. ¿Dónde estás, mi extraña? Pues es lo que eres, tan sólo una extraña…alguien que una noche me dio su alma y a la mañana ya no era nada, sólo un recuerdo. Sin embargo, eres MI extraña…aquella que conocí fugaz. Mi corazón no te olvida y te reclama desde la ventana de mi habitación, abierta a tu amor en esta fría mañana.
¿Dónde estás, mi amor? ¿Adónde te marchaste tan temprano? ¿Adónde vas, mi extraña?

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Es un relato cortito pero para mi posee mucho significado
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Adrier
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