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Los renglores torcidos de Tyler

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Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Lun Sep 06, 2010 5:55 pm

Hotel

Entreabro los ojos. Entra claridad por la ventana. Ya estoy totalmente despierto. El único problema es que no recuerdo nada de nada. No recuerdo ni quien soy, ni donde estoy ni mucho menos que hago aquí.

Me incorporo sobre la cama, a mi izquierda una mesita de madera bastante sencilla con un vaso de plástico de agua y un reloj de pulsera. Las nueve y cuarto, ¿pero de qué día?

Junto a la mesilla de madera, hay una cama gemela a la mía, sin deshacer. Parece que estoy solo en la habitación. Más allá la pared y en ella la única ventana de toda la habitación. A mi derecha, un armario de madera bastante robusto. Parece una habitación de hotel barato. Bastante barato. Saco los pies de debajo de las sábanas y me siento sobre la cama. Me mareo ligeramente, no tengo ni idea de las horas que llevo estirado en esa cama. A la derecha encuentro una pequeña puerta que conduce a un minúsculo lavabo, una pica para higiene personal y un pequeño plato de ducha. Sin duda la habitación de este hotel debe ser bastante barata.

Llevo puesto una especie de pijama blanco dos tallas mayor de la que necesito que no reconozco. No se si me lo ha regalado mi mujer, no se si quiera si estoy casado. Intento buscar otra ropa en el armario, en los cajones de la mesilla o la maleta debajo de la cama. Nada de nada.

Entro al lavabo a lavarme la cara para despejarme un poco y aclarar ideas, cuando me mojo y levanto el rostro, me doy cuenta de que no hay espejo en el cuarto de baño, no existe el clásico armarito a la altura de la cabeza para peinarme y poder ver la cara que hago. Cojo una toalla blanca y me seco la cara. Voy a salir al pasillo a ver si alguien en recepción puede aclararme algo. Quizá dando el número de habitación puedan decirme a quien está alquilada y ya tendría un nombre a partir del cual averiguar algo.

Me dirijo hacia la puerta pero no consigo abrirla, está cerrada por fuera. No me angustio, clavo una rodilla en el suelo y me asomo al agujero de la llave. Sólo veo una puerta igual a la de mi habitación al otro lado del pasillo. Me levantó y doy un par de golpes en la puerta y grito un par de socorros y ayudas. Nadie me hace caso. Nadie viene a ver que ocurre. No parece una puerta muy gruesa, así que pongo un pie en la pared y coloco las dos manos sobre el pomo de la puerta. Tiro con todas mis fuerzas y cruje la madera. Pego otro tirón y se raja la madera. Otro tirón y la puerta ya está abierta. Es una puerta barata en un hotel barato.

Salgo al pasillo, a izquierda y derecha veo varias puerta como la que acabo de romper, sin numeración, no se en que planta estoy ni que número tiene mi puerta. Hacia la derecha está el final del pasillo por lo que me dirijo a la izquierda, donde hay claridad. Giro y hay un pequeño vestíbulo donde hay un mostrador y una mujer gruesa está sentada detrás de un mostrador. Viste un uniforme blanco y lleva un sombrero también blanco bastante extraño. Está hablando por teléfono, sonríe distraída mientras enrolla el cable del teléfono en el dedo, parece estar enamorada y no ha reparado en mi presencia.

Mientras acaba su conversación me acerco a la puerta, giro el pomo y veo que esta si está abierta, cosa que me alegra. Cruzo la puerta y ante mi se extiende un gran jardín, muy cuidado y un fuerte olor a hierba me invita a salir. Bajo varios escalones y empiezo a caminar. Hace un día estupendo. El sol brilla en todo su esplendor. Estoy caminando sintiendo el calor en la cara cuando escucho pasos ajetreados a mi espalda y antes de que pueda girarme un silbido cruza el aire. Noto un fuerte golpe en el cuello seguido de otro en las costillas, ambos me dejan en el suelo mareado y contusionado. Unos segundos después, dos tipos también vestidos de blanco, uno de cada lado, me levantan de los brazos mientras oigo que uno le dice al otro que ya estaba bien. Que esa era la tercera vez que intentaba escaparme ese mes y que le iba a caer una buena bronca a Rossane, la recepcionista.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Arika el Lun Sep 06, 2010 7:27 pm

Me he metido en la piel de un enfermo mental.. Me gusta, sobretodo esta frase: 'Las nueve y cuarto, ¿pero de qué día?'. What a Face

Al principio hay muchas pausas con los puntos para mi pero cada uno le da el estilo que desee a su texto para parecer más real. Wink
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Mar Sep 07, 2010 2:16 pm

Gracias por el comentario. Tendré en cuenta lo de los puntos. Un saludo y gracias de nuevo.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Elghor el Mar Sep 07, 2010 4:57 pm

Genial el punto de vista del enfermo mental. Smile

Como en este foro debemos ser lectores y también correctores, sin que haya prepotencia alguna te digo algunos fallitos que en seguida se solventan:

Tyler Durden escribió:No sé si me lo ha regalado mi mujer, no sé si quiera si estoy casado.
no sé en que planta estoy ni qué número tiene mi puerta.
Cruzo la puerta y ante mí se extiende un gran jardín,

Querré leer más relatos Razz


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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Mar Sep 07, 2010 5:44 pm

Gracias Elghor!!! Serán tenidos en cuenta para futuros trabajos. Espero que puedas disculparme pues soy bastante novato en esto. Un saludo y gracias de nuevo
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Sweet Shadow el Mar Sep 07, 2010 7:14 pm

Tyler Durden escribió:Es una puerta barata en un hotel barato.

Que me encantan este tipo de frases *___*

Lo primero es que... ¡¡Tu nick es Tyler Durden!! >w< Hace poco terminé de leerme El club de la lucha, así que este primer relato tuyo me ha recordado
El Club de la Lucha:
al final, cuando al protagonista/Tyler lo encierran en el psiquiátrico.
Así que me ha gustado bastante ^o^
Ya te han señalado los fallitos, así que no me voy a molestar en repetirlos porque sería una memez x) Sólo decirte que estoy deseando seguir leyendo cosas tuyas. Serás novato todavía, pero la base es buena (tampoco soy yo nadie para decírtelo xD ni que fuera una profesional). Un escritor siempre será un novato aunque publique chiquicientos libros.

Ah, y a mí lo de los puntos me parece bien. Será porque abuso un poco de ellos, no sé. Y me acabo de dar cuenta: ¿este párrafo no debería ir en presente? A partir de "estaba" lo pones todo en pasado cuando creo que tendría que estar en presente (tampoco te fíes mucho de mí, que con los verbos no me llevo bien últimamente):

Tyler Durden escribió:Unos segundos después, dos tipos también vestidos de blanco, uno de cada lado, me levantan de los brazos mientras oigo que uno le dice al otro que ya estaba bien. Que esa era la tercera vez que intentaba escaparme ese mes y que le iba a caer una buena bronca a Rossane, la recepcionista.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Miér Sep 08, 2010 1:15 pm

Muchas gracias por la crítica Sweet.S. A mi también me ha parecido un estupendo libro El Club de la Lucha, así como bastantes más novelas de Chuck Palanuik aunque reconozco que debe ser difícil escribir a la sombra de una gran obra como esa y después intentar escribir otra que tenga tanto calado entre el público como la primera. El tiempo de los verbos es algo que debo controlar más, no te falta razón, gracias por reseñarmelo. De nuevo gracias por pasar por aquí y hacer que mis próximos relatos puedan ser mejores. Un saludo.
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Room

Mensaje por Tyler Durden el Lun Sep 13, 2010 12:37 pm


Una habitación cerrada. Es bastante pequeña. Un hombre y una mujer, ambos sentados a una mesa. La estancia es muy sencilla, aparte de la mesa y las sillas, sólo hay una pequeña cama en uno de los laterales.

De vez en cuando, la Naturaleza se supera así misma creando una mujer extremadamente atractiva, de larga melena y carnosos labios, cuya mirada enciende a los hombres y cuya melena envenena el aire, su nombre es Dana. Él en cambio no era gran cosa. Un metro y medio, cincuenta y nueve kilos, ojos grisáceos y un extraño tic en un ojo. Un ridículo bigote del mismo color que el pelo que ya empezaba a escasear en la cabeza.

Ella lo mira fijamente a los ojos. Él se hace cada vez más pequeño en su silla. Esa intensidad puede con él y no es capaz de aguantar la mirada.

-No te preocupes, aquí puedes estar tranquilo, estás a salvo. ¿Qué tal te fue el viaje?- dijo ella.
- Bi…bi…bien. – El tipo empezó tartamudeando. Mal comienzo. - El viaje fue muy bien. Creo que mi mujer no sospecha nada. ¿Te llegó el dinero que te envié?
-Si gracias. Aquí sin dinero no se que sería de mi. Es difícil subsistir.-
- ¿Es que acaso no te tratan bien?-
- No demasiado, el hecho de ser “famosa” no significa que sea popular y la verdad es que no tengo muchas amistades por aquí.

En ese momento alguien pasa junto a la puerta y ambos giran la cabeza en esa dirección. Un tipo uniformado pasa de largo echando una mirada dentro de la habitación. Ambos callan durante unos segundos y ella le invita a sentarse juntos al borde de la cama que queda lejos del alcance visual de la puerta.

La luz de la ventana incide directamente sobre la cara y el cuerpo de la mujer. Su mirada ahora es de fuego. Su pelo incendia el aire. Serpentea sobre la cama hasta acercarse al hombre.

- Me encanta que hayas venido a verme. Se que te pongo en un compromiso, pero necesitaba verte.

Él sonríe excitado. Apoya las manos en la cama y retrocede unos centímetros impresionado por la convicción de su anfitriona. Ella avanza y recupera la distancia perdida. Su boca está a dos centímetros de su oreja. Le susurra algo al oído y le desliza un papel enrollado. El lo introduce torpemente en el bolsillo de la camisa. La mano de la chica se posa suavemente en el muslo del hombre y hace que él se levante como un resorte.

- He…he de… tengo que marcharme ya o llegaré tarde. Ya tendremos tiempo para estar a solas. Ahora he de irme.

El tipo se dirige a la mesa, cogió la chaqueta del respaldo de la silla y volvió la mirada a la mujer. Ella le devolvió un guiño y tres palabras: confío en ti. Él no dijo nada. Se dirigió hacia la puerta y dio tres golpes fuertes.

-Agente, quiero salir ya – gritó el hombrecillo. El guardia de seguridad que había pasado mirando hace un minuto abrió la puerta y dejó salir al visitante. Ella seguía sentada en la cama cuando la puerta se cerró de un fuerte golpe.

A la semana siguiente, ella en su celda lee el periódico. Un titular anuncia la muerte del fiscal que llevaba su caso a manos de un perturbado. El tipo fue encontrado con las manos ensangrentadas junto al cuerpo. Sólo acertaba a decir: ella me obligó, ella me obligó. El guardia pasa por la puerta y echa una ojeada al interior de la celda. Dana volvió a parpadear como sólo sabe hacer. Al guardia se le escapó una sonrisa nerviosa y siguió con su ronda. Dana ya tenía nuevo cómplice.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Nanna el Lun Sep 20, 2010 9:04 pm

Llego tarde pero... ¡ohmaigawd! Me encanta tu nick/referencia a Palahniuk (¿Palahnuik? Bleg, asco de dislexia). El club de la lucha no es de mis libros favoritos de Chuck (y le llamo Chuck porque suelo irme con él de cañas), aunque la película sí que está en mi top ten. Mi favoritos son, sin duda, Survivor (el de la secta, ni idea de cómo se llama en castellano) y Lullaby (supongo que lo habrán traducido como Nana, aunque vaya usted a saber).

Dejando los offtopics de lado, tu estilo me gusta. A veces se me hace un poco seco, aunque estoy segura que es intencional. Me encantan las historias con narradores cortantes, aunque reconozco que es una de esas cosas que, o se hace muy bien, o se hace muy mal. De momento no eres Chuck ni Easton Ellis, pero no vas en mal camino.
La temática me gusta mucho, sobretodo la del primero. El segundo menos, termina de forma un poco abrupta, y la palabra tipo no me gusta nada. Así de rara soy, le tengo manía a algunas palabras...

Espero leer más cosas tuyas : )
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Mar Sep 21, 2010 10:52 am

Hola Nanna, gracias por pasar por mis relatos.

Chuck (yo también lo llamo así aunque hace ya tiempo que no lo veo) si bien es cierto que es uno de mis escritores favoritos, lo que más me gusta de él es su estilo directo. Survivor (Superviviente) creo que no existe, y te razono mi teoría. LLevo varias excursiones al centro de mi ciudad, y te aseguro que vivo en una gran ciudad, y no ha habido manera de encontrarlo en ninguna de las librerías en las que pregunto. Todo el mundo sabe que existe, pero o se acaban de llevar el último o lo tuvieron pero de eso ya hace tanto que no recuerdan ni como era la tapa...Voy a ponerlo en mi lista de leyendas urbanas y si algún día me topo con él, debe ser porque estoy en otra dimensión.

Realmente no es que quiera imitar a Chuck, pero al ser un escritor novato, creo que el estilo directo y sin florituras es el más sencillo tanto para leer como para escribir, espero con el tiempo poder ir adornando mis relatos con "paja" que no llegue a aburrir a la gente que lee. Respecto a que le tengas manía a algunas palabras, a mi también me ocurre, si me buscas un sinónimo que suene bien, prometo cambiar tipo por algo más adecuado.

Un saludo y gracias de nuevo!!!!!
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Mar Sep 21, 2010 11:20 am

La empresa.

Llego temprano a la cita. Hoy no puedo presentarme tarde. Es una importante entrevista de trabajo para un privilegiado puesto en una gran multinacional. La verdad es que me extraña bastante que me hayan llamado a mi. Se trata de una empresa que es conocida por rechazar todas las peticiones de empleo que reciben, pero ésta vez, han sido ellos los que se han puesto en contacto conmigo.

Las oficinas están instaladas en el ático de un edificio moderno y robusto. Un ascensor lleva directamente a la última planta. En el hall hay un mostrador, donde una recepcionista muy atractiva, con gafas de pasta, atiende las llamadas con un auricular y sin dejarme decir palabra, me hace un gesto con la cabeza para que pase al fondo del vestíbulo. Las paredes tienen un toque rojizo fuego y de ellas cuelgan varias pinturas impresionistas a media altura. El suelo es de un mármol oscuro exquisito y hay varios sillones de piel repartidos por toda la estancia.

Al ocupar el sillón libre me doy cuenta de que todos los que estamos allí, somos muy parecidos entre nosotros. Chicos de unos 30 años, excelentemente vestidos con traje de raya diplomática, maletín de piel y zapatos brillantes. Un montón de aspirantes a triunfadores a la espera de su gran oportunidad. Hablan entre ellos en voz baja y me siento abrumado. Todos han cursado varias carreras y diferentes máster en universidades extranjeras de gran prestigio. Mi currículum en cuanto a estudios no es muy extenso, pero poseo una gran experiencia en el sector. Quizá sea eso lo que haya hecho que se hayan fijado en mi. Quizá sea mi momento de gloria.

Una vez estamos todos, la recepcionista hace pasar al primer candidato. Se trata de un tipo moreno, alto, con el pelo hacia atrás, de nariz aguileña y estrecho de espaldas. A los tres minutos sale por la puerta con rostro compungido. No ha sido el elegido.

Sólo quedamos cuatro pretendientes. La operación se repite tres veces con idéntico resultado. Los tres chicos que me acompañan, se levantan decididos cuando son llamados y tras breves minutos de reunión, desalojan la estancia con resignación y la cabeza baja. No son los indicados para el puesto.

Me invade la duda. No sé que pensar. Cuatro candidatos han sido rechazados. ¿Qué me esperará detrás de esa puerta?

La voz de la secretaria me saca de mis cavilaciones. Menciona mi nombre y me indica que ya puedo pasar. Mi turno ha llegado. Me sudan las manos. Me las seco con un pañuelo y atravieso el umbral de la puerta. Cuando ésta se cierra, me da la sensación de estar en otra dimensión.

El despacho que se abre ante mi es considerablemente más grande que el vestíbulo anterior, pero decorado con el mismo lujo y estilo. Muebles modernos y luz natural se combinan para darle a la estancia una imagen de sobriedad. En el suelo, una suave moqueta se extiende por toda la estancia, mientras las paredes laterales, salpicadas por retratos y fotografías convergen en una cristalera que ofrece una panorámica de toda la ciudad. La habitación está coronada por una mesa de madera de roble maciza, con sendas sillas del mismo material. A la derecha, un minibar, con un sofá de piel y detrás de él, una chimenea dan a esa zona un aire más distendido.

Detrás de la mesa se encuentra un tipo vestido con traje negro, pelo canoso y abundante, nariz grande y rostro arrugado. Sus ojos son negros y profundos.

Me hace una seña para que pase y tome asiento en una de las sillas que hay junto a la mesa. Al sentarme, veo un escritorio perfectamente ordenado. Un tapete de piel ayuda a hacer más cómoda la escritura y delante un portaplumas de diseño. Junto al portaplumas una placa con un nombre: Ariel Saitán – Director.

“Vaya” -pienso para mi- “voy a entrevistarme con el mismísimo director de la empresa”.

Termina de firmar unos documentos. Envaina la pluma y me dirige una larga mirada. Intento no desviar mis ojos de los suyos e intentando parecer seguro, soy yo el que inicia la conversación.

- Buenos días señor Saitán, permítame que me presente y le haga entrega de mi currículum para que pueda hacerse una idea de mi trayectoria hasta el momento.

Le entregó un par de folios grapados, en los que se encuentra mi vida laboral y otros aspectos de interés. Él, sin dejar de mirarme a los ojos, los coge con la mano y sin mirarlos, los dobla sobre si mismos y los rompe por la mitad. Vuelve a unir los trozos y repite la operación. Deposita los múltiples pedazos de papel en la papelera que tiene bajo la mesa.

Mi cara muestra asombro pero intento disimular. ¿Será alguna nueva técnica de entrevista? ¿Me estará poniendo a prueba para ver como reacciono?

- Su trayectoria la conocemos perfectamente en la empresa, es por eso que le hemos llamado. Estoy convencido de que es la persona ideal para el puesto.

Intento sonreir pero no entiendo nada. ¿Conocen mi trayectoria? ¿Cómo? ¿Quién les habrá informado?. El señor Saitán abre un cajón de la mesa y saca una carpeta negra. La abre y extrae unos papeles que ojea levemente.

-“Aquí está el currículum que me interesa más de ti”-. Me acerca los papeles para que pueda verlos. Son unas hojas muy parecidas a las que yo le entregué. El mismo esquema. Diferente contenido. En lugar de verse mis actividades empresariales y trabajos realizados, aparece una lista de hechos odiosos y condenables.

Estaban casi todos los pecados capitales, gula, lujuria, ira… Y también había sitio para otros más veniales como difamación, hurto, asesinato, adulterio… La verdad es que era una larga lista. Para llegar donde estoy, he tenido que pisar unas cuantas cabezas. Pero no me imaginaba que tantas.

Estaba desconcertado. No tenía ni idea de donde habría podido sacar este tipo toda la lista de mis fallos y faltas. No se había dejado ni una. Estupefacto la miraba una y otra vez. Desde el colegio hasta el día de hoy. No faltaba ni sobraba nada, era información de primera calidad.
Ariel me invitó a sentarnos en el sofá. Pese a ser las diez de la mañana sirvió un par de copas. Un par de vasos de buen ron. Mi bebida favorita. Me entregó uno que apuré en pocos sorbos. Después, ya pude articular alguna frase.

- ¿Y esto? ¿De dónde ha salido? ¿Qué tiene que ver con la entrevista?

- Todo. Tiene que ver todo. Deja que te cuente una historia. La historia de un joven emprendedor que no dudó en pasar por encima de todo el mundo por alcanzar el éxito. Que no dudó en usar malas artes para conseguir lo que quería. Un tipo que conducía coches potentes bajo los efectos del alcohol y que anoche se durmió al volante, estrellándose contra un muro y falleciendo en el acto.

Yo cada vez entiendo menos de que va todo ésto. Me falta un poco de aire. Aflojo la corbata.

- ¿No tienes ni idea de quién te estoy hablando? – sentencia Saitán mirándome fijamente a los ojos.

- La verdad es que no – farfullo en voz baja, sabiendo perfectamente que soy yo de ese tipo detestable de quien habla.

- Voy a dejarme de rodeos. Eres un canalla y lo has sido toda tu vida. Anoche te estrellaste con tu Audi y falleciste en el acto. En el cielo no te quieren ni ver. De modo que te han mandado directamente aquí, Estás en el Purgatorio. A las puertas del Infierno, y ahora dime, ¿qué hago contigo?
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Miér Sep 29, 2010 1:07 pm

Conexión

Cancelado es la palabra del día en el aeropuerto. Aparece en todos los paneles y está en boca de todo el mundo. Un fuego en una de las torres de control de la terminal uno del aeropuerto, hace que durante el día de hoy, sea imposible el despegue de ningún avión.
Me dedico a vender seguros. Ofrezco seguridad, o al menos, sensación de que puedas tenerla. Mi empresa me ha enviado durante este fin de semana a un congreso en Marruecos. Ahora tendría que coger mi vuelo hacia Estocolmo, mi ciudad natal, pero el fuego me ha hecho perder la conexión y me quedo colgado en Barcelona. Una amable señorita del aeropuerto me ofrece un vuelo para el día siguiente y una reserva en un hotel en el centro de la ciudad. Mi nuevo vuelo sale mañana a las tres de la tarde. Pierdo un día completo en Barcelona. Es una ciudad donde no conozco a nadie, pero no tengo otra solución.
Acepto la reserva en el hotel y subo a un taxi. En seguida el conductor inicia una conversación, pero estoy bastante cansado y no me apetece hablar, así que finjo que no le entiendo demasiado bien y miro por la ventana.
En la calle llueve como si no quisiera llover. Una de esas lluvias de primavera que casi no molestan y hace que en las calles se vea bastante gente. Barcelona es una ciudad que parece tener vida propia. Llego al hotel y me quito la ropa. Me doy una larga ducha caliente. Al terminar, todo el cansancio acumulado del fin de semana hace que me encuentre exhausto, por lo que decido dormir un poco antes de ir a cenar. Me despierto y pasa un rato antes de tomar conciencia de donde me encuentro, estoy solo en una ciudad donde no conozco a nadie. Bajo a cenar al restaurante del hotel. Están a punto de cerrar pero me atienden, cojo alguna cosa fría del buffet y me siento en una mesa con una botella de vino blanco.
El sueño y la cena me han sentado bien. Aún es pronto y me apetece salir a dar un paseo por la ciudad. Me dirijo a la recepción del hotel y el chico que está en el turno de noche me aconseja que salga por una zona de las afueras muy conocida por albergar la mejor zona de ocio de la ciudad. Tiene un amigo que trabaja de relaciones públicas en una discoteca muy conocida de la zona. El local se llama Tresor y es conocido por estar en los bajos de una antigua estación eléctrica hoy en desuso.



Me despierta el teléfono. Una voz mecánica me anuncia que son las doce de la mañana. Me recuerda que he de abandonar la habitación y me desea un feliz viaje. Tengo la cabeza a punto de estallar. Tengo recuerdos confusos. Imágenes se mezclan en mi mente aleatoriamente. Un sótano, música alta, una chica pelirroja… Ninguna imagen ni recuerdo de cómo he llegado hasta la habitación. Voy al baño. Una ducha fría me despejará la mente. La camiseta que llevaba puesta anoche asoma en la papelera que se encuentra debajo del aseo. La recojo para guardarla en mi maleta y veo que está llena de sangre. Asustado me miro al espejo y todo el lado derecho de mi cara también esta manchado de sangre seca. Me toco pero no parece que sea mía. No tengo ninguna herida en ninguna parte del cuerpo. Guardo la camiseta en la maleta y entro al agua. Froto muy fuerte para que se marche la sangre reseca. Al contacto con el jabón y el agua entra en mi nariz ese característico olor de la sangre, eso ayuda a que algún recuerdo más vuelva a mi cabeza.
(…) Llego a Tresor y pregunto por Kevin, el amigo relaciones públicas del recepcionista nocturno. Sale a la puerta a recibirme. Kevin es un tipo alto, moreno. Parece un antiguo jugador de baloncesto reciclado a hombre de la noche. Me da un apretón de manos y me invita a pasar. Una vez dentro me acompaña a la barra y me invita a unos tragos. Tras breves minutos, me presenta a Marlene y se marcha con la excusa de recibir a otros clientes.
Marlene es la mujer más atractiva que he visto en mucho tiempo. Tiene un cabello rojo que se mueve al compás de sus caderas. Su cuerpo es sensual y lujurioso. Su mirada encierra veneno y lo libera a cada parpadeo de sus ojos verdes. Nadie nunca estuvo tan seguro en esta vida como Marlene dentro de su vestido rojo.(…)
Salgo de la ducha y vuelvo a la habitación. Estoy bastante alterado. No se de quién es esa sangre ni como ha podido llegar a parar a mi camiseta. ¿Será de Marlene? ¿De Kevin? Intento poner un poco de orden en la habitación. Recojo la ropa rápidamente y cierro la maleta. Cojo la chaqueta para salir de la habitación y cae al suelo una pistola de dentro de un bolsillo. Es un pequeño revólver con puño de madera. No lo había visto jamás. Huele a pólvora y metal. Más recuerdos acuden a mi cabeza.
(…)Después de más copas con Marlene en la barra, nuestros cuerpos se acercan cada vez más. En uno de esos roces, posa sus labios sobre mi cuello y me invita a un reservado. Su mano me guía entre la gente hasta el otro extremo del local. Imaginaba una habitación pequeña, con un pequeño sofá donde podríamos intimar a gusto. Abre una puerta reservada para el personal del local. Parece un viejo almacén mal iluminado. Cajas de bebidas se amontonan por toda la pared. En el centro de la estancia una mesa redonda con cinco sillas. Cuatro de ellas están ocupadas por variopintos personajes. Un oriental que no deja de fumar. Un tipo calvo con una cicatriz en la cara. Otro rubio con una mano vendada. El cuarto es un tipo que parece italiano, moreno, con el pelo hacia atrás, barba de cuatro días y juega con una moneda que se pasa entre los dedos. Marlene me invita a ocupar la silla vacía y desaparece con promesa de traerme algo de beber. Parece una partida de cartas y ocupo la silla vacía. El silencio en la habitación es absoluto. El alcohol que llevo en el cuerpo hace que me sienta más desinhibido de lo normal y rompo el hielo. Hago un comentario gracioso preguntando cuál de ellos va ganando la partida. Nadie dice nada. Se miran entre ellos y el tipo de la cicatriz saca un revólver con puño de madera y lo pone sobre la mesa.(…)
Guardo la pistola en el bolsillo y salgo de la habitación. El ascensor parece que no llega nunca. Decido bajar por las escaleras. Hay otro chico en la recepción, al que entrego mi llave y le firmo la salida de la habitación. Me giro casi sin despedirme y cuando estoy en la puerta oigo que me llama. Intento hacerme el despistado pero otro señor que entra por la puerta en ese momento me advierte de que es a mi a quien se dirigen. No tengo otro remedio que darme la vuelta y acudir de nuevo al mostrador.
-Lo siento-se excusa el recepcionista- pero hace unas horas ha venido una chica a dejar este sobre para usted.
-¿Una chica?¿Qué chica?- le interrogo.
-No dejó su nombre, pero ella me dijo que usted sabría quien era. Una hermosa pelirroja de ojos verdes.
Marlene. No puede ser otra mujer. El recepcionista me entrega el sobre. Salgo del hotel y cojo un taxi con destino al aeropuerto. Abro el sobre y veo un cd y una tarjeta que lo acompaña. En la tarjeta hay escrito al dorso:”Aquí tienes la prueba de que fuiste capaz. Un beso, Marlene.” La tarjeta tiene el aroma del perfume de Marlene. Sándalo y jengibre se mezclan en mi nariz y evocan nuevos recuerdos.
(…) El tipo rubio de la mano vendada se dirige a mi. Me dice que el juego empieza en ese momento. Es muy sencillo. Ruleta rusa. Una sensación de terror invade todo mi cuerpo. Sudor frío baja por mi espalda y mi empiezo a tragar saliva. Nadie dice nada, todos queremos aparentar tranquilidad. El mismo tipo abre el revólver e introduce una bala. Mirando a los ojos fijamente del italiano, cierra de golpe el tambor y coloca el cañón sobre su sien. Los ojos se le van a salir de las órbitas. Grita con todas sus fuerzas y aprieta el gatillo. Un chasquido de metal le salva la vida al intrépido rubio. El revólver pasa al italiano. Misma ceremonia. Cañón en la sien y dedo en el gatillo. De nuevo el mismo chasquido. Dos oportunidades menos para mi. El tipo de la cicatriz está a punto de vomitar cuando el revólver llega a mis manos. Es el momento de la verdad. Cojo una botella de tequila y le doy un trago de varios segundos. Sin pensar, cojo el revólver con la otra mano y la dirijo a mi cabeza, estoy a punto de desmayarme…hasta que un chasquido me devuelve a la vida. Respiro profundamente y suelto la pistola como si quemara. A partir de hoy, ya nada volverá a ser igual. Una nueva vida se abre ante mi. Sólo una pregunta enturbia el momento, ¿era necesario?. El oriental de mi derecha coge la pistola, murmura unas palabras en una lengua extranjera y presiona el percutor. Un disparo retumba en la sala. Las salpicaduras de sangre llegan hasta la pared. El cerebro del oriental queda desparramado en la mesa. Noto la sangre contra mi cara y sin decir nada, cojo de nuevo la botella de tequila. No pararé hasta terminar con ella. No pararé hasta caer al suelo alcoholizado. (…)
Imagino que los amigos de Marlene debieron llevarme al hotel. De camino al aeropuerto abro el portátil e introduzco el cd. Una grabación casera con cámara oculta colocada estratégicamente en la estancia muestra el juego desde el principio. Al ser el último con vida en disparar, mi premio es quedarme con el revólver. Al final del video aparece un número de teléfono donde puedo llamar cuando me apetezca otra partida.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Nanna el Jue Sep 30, 2010 12:11 am

Antes de nada, te corrijo un par de fallitos:

Sólo quedamos cuatro pretendientes
Aspirantes queda mejor. Serían pretendientes si el empleo que solicitan fuera un cargo público.
también había sitio para otros más veniales como difamación, hurto, asesinato, adulterio
¿Desde cuándo el asesinato es un pecado venial? xD
Además, creo que "oficialmente" el adulterio tampoco es pecado venial, aunque no me hagas mucho caso en esto. Hace ya mucho que me aprendí la lista de pecados veniales y capitales. xD

Faltan algún que otro acento (aunque no demasiados) y, a ratos, parece que le sobran comas. Lo de las comas es manía personal, lo de los acentos no.

Por lo demás, están bastante bien. Me ha gustado más el primero que el segundo, quizá porque me encantan las historias de violencia y sexo xDDD. Y, contestando a tu otro comentario, si Chuck es de tus autores favoritos, es normal que tu estilo se parezca al suyo. Ya desarrollarás un estilo propio aunque, hoy en día, todo está escrito. No hay ideas nuevas, sólo ideas antiguas escritas de forma nueva. En estos dos ultimos relatos sobretodo se nota su influencia, pero ¡hey!, eso no es malo. Todos los escritores, ya sean noveles o no, tienen influencias y un estilo parecido al de otros tantos. Los detectives salvajes, de Bolaño, por ejemplo, bien podría ser la "reencarnación" sudamericana de On the Road, de Kerouac. Y como él, miles. A lo que iba: que tus escritos recuerden a otros autores no sólo no es malo, es inevitable.

Ag, como siempre, me he liado yo sóla ¬¬
Y, no sé si te lo había dicho a tí o a otra persona, pero yo tengo Survivor en formato electrónico. Por si te interesa : ) Yo aprendí la lección con Invisible Monsters (cinco librerias y no precisamente pequeñas que ni lo tenían ni les sonaba) y desde entonces compro/descargo sus libros en formato electrónico
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Jue Sep 30, 2010 10:25 am

Hola Nanna!!! Buenos días!!

De momento me quitas un peso de encima con el tema del estilo. Imagino que tienes razón, pero igualmente intento ir leyendo algo variado para cambiar de modo de pensar y de escribir. Gracias por las aclaraciones, serán tenidas en cuenta para futuros relatos. Te pasaré mi correo por privado y si pudieras pasarme Superviviente, me haces un gran favor.
Un saludo y gracias de nuevo!!!
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Lun Oct 04, 2010 12:38 pm

Yo conocí a una auténtica chica B. Fumábamos donde no se podía fumar y bebíamos mucho donde se podía beber. Lo pasábamos bien. Nos conocimos una noche de fin de año. Yo llegaba a casa borracho, con pasos torpes y ella estaba allí, en la puerta de mi edificio, esperando. ¿Tienes un cigarro? Me preguntó al meter la llave en el agujero y yo le respondí que allí mismo no, pero que en casa tenía varios cigarros, que si subía conmigo, compartiría mi ración de tabaco con ella. Ella accedió sin poner demasiadas trabas, debió creer que estaría mejor esperando en casa de alguien que en la calle.

Conoces a un tal Sergio? Volvió a preguntar. Yo a esas horas y con algo de alcohol en el cuerpo, no conozco ni a mi padre, pero a todo decía que si, no quería que se fuera. Ella esperaba a mi vecino, que le había dado plantón por otra más guapa. Saque unos vasos de ron a palo seco y con la fuerza y las ganas que te da el alcohol nos dirigimos a su puerta buscando explicaciones. Eran las siete de la mañana y yo no quería montar espectáculos, pero tampoco quería que se fuera. No es que fuera especialmente guapa, pero era una mujer cálida.

La conseguí convencer de que el mejor sitio para esperar era mi casa y allí fuimos. Charlamos y bebimos hasta que se hizo de día y se acabó el tabaco, momento en el cual tuve la genial idea de coger el coche para ir a comprar más. Suerte que un bar regentado por chinos cerca de casa nos hizo el favor de abrir temprano y suministrarnos nuestra dosis, con la mala fortuna por mi parte de encontrarnos con su hermana y dos amigas que venían en ese momento buscando un bar donde comer algo. Maldita hora en la que salí de casa en busca de tabaco. Su hermana la convenció de que mejor era cambiarnos el teléfono y dejarlo para otro día, no se fiaba de mi y yo tampoco me fiaba de ella, pero eran cuatro contra uno y al final tuve que ir a casa a terminarme el ron yo solo.

Al día siguiente me escribe un mensaje y me pide que olvide lo ocurrido la noche anterior, no entendía nada. Parecía otra mujer. Me dice que no sabe como subió conmigo a casa ni como fue a aporrear la de mi vecino. Yo me quedé con las ganas de decirle que subió porque estaba loca de celos y yo caliente como un gato, pero en vez de eso, le dije que por mi bien, que todo olvidado y aún y así le deseaba mucha suerte con mi vecino. Mientras enviaba el mensaje cruzaba los dedos y le deseaba la peor fortuna con él. Mierda. Se ha escapado.

Tres días después de despierta de la siesta otro mensaje. Con un ojo medio cerrado y el otro cerrado del todo consigo ver su nombre, por lo que de golpe se me abren los dos. Y ahora parece de nuevo otra mujer, no una tercera, sino la misma que subió a mi casa a beberse mi alcohol. Ahora se lo ha pensado mejor y quiere explicarmelo todo más despacio delante de unas cervezas. Que alegría sentirme irresistible. Que alegría más tonta.

Si algo bueno tenía era que conocía los mejores lugares de la ciudad. Locales en los que yo ni siquiera había reparado antes, ella los convertía en lugares de atmósfera cargada, luces bajas e íntimas charlas donde apetecía estar. Y allí estaba yo. Sentado delante de una cerveza, a la cual siguieron 5 o 6 más por cabeza con sus correspondientes visitas al lavabo. Cada visita era una visión más demacrada de mi en el espejo y una belleza más especial en mi acompañante. Bebimos y fumamos y me engañó para decirme que quería venir a mi casa a dormir, excusándose con que tenía familiares en su casa durante unos días.. Dudo mucho que una mujer así hubiera tenido familia que hubiera querido estar en su casa. Todo a su alrededor era caótico pero atractivo. Era la noche de Reyes y era mi regalo. Las mañanas eran difíciles a su lado. Resacas y excusas. Siempre tenía que irme antes de que pudiera darle la opción de ir a algún sitio a seguir bebiendo, a seguir fumando. No parecía tener final. Una noche que pasó en mi casa me sorprendió pidiéndome un vaso de agua. Creo que fue la primera vez que la vi bebiendo algo sin alcohol y me dijo que era para unas pastillas, que no pensase nada malo, que sólo eran para no estar nerviosa y que todo marchara bien. A mi no me hizo ninguna gracia, aunque todo empezaba a tener más sentido. En otro de nuestros encuentros en su casa me recibió con la luz apagada. Me han cortado el suministro, se han debido confundir. Yo no sé si realmente se habían equivocado, no pagó el recibo o realmente quería que ese día estuviéramos a oscuras, cualquier cosa hubiera podido ser real, pero a mi me apeteció la situación y le seguí el juego. Cuando acabamos con la cerveza me pidió que me quedara a dormir y yo accedí, era dulce por las noches y a mi me gustaba experimentar con ella.

Mis amigos empezaron a mirarme raro cuando me veían con ella, no era la mujer que les puedes presentar a tus padres y salir airoso sin una charla por su parte preguntándote hacia donde estás encaminando tu vida y que la novia que tenías antes, a ellos les gustaba mucho más. No recuerdo cuanto tiempo estuve con ella, un mes, quizá más, lo que si recuerdo es el momento en el que dejé de contestar sus mensajes y descolgar sus llamadas. Fui cobarde e hice lo fácil. Darle la razón a la mayoría y verme con mujeres más adecuadas. Cenas aburridas y conversaciones imposibles de las que yo escapaba bebiendo y siendo el más simpático de la fiesta y en una de esas salidas me la encontré en uno de nuestros antiguos locales de salidas furtivas. La vi con otro tipo, la verdad es que era el vivo retrato de ella en masculino, ropa tirada, pelo revuelto y ese aire de persona que no tiene nada que perder que siempre me ha dado mucha envidia, es cierto, envidio a todos aquellos que no les ata nada, que no temen tocar fondo y sienten lástima de los tipos como yo, esclavos del reloj y los horarios y que se ríen de mi en mi cara.

La seguí al lavabo y casi la zarandeé bajo la música mientras le gritaba al oído que la había visto con otro tipo. Y qué? Respondió ella, es que estás celoso?... ¡Celoso, que va!
Me alegro mucho por ti. Se dio media vuelta y no me escupió porque eso hubiera sido ponerse a mi nivel y ella no era así, ella estaba por encima de todas esas cosas y si, desde luego que si estaba celoso, hubiera hecho lo que ella me hubiera pedido en ese momento sin rechistar, pero no pidió nada, ella sabía que yo había perdido y ella ganaba, tan sencillo como eso, no hizo falta que me lo dijera.

Han pasado un par de años y no la he vuelto a ver, atravieso una rutinaria felicidad que lejos de desesperarme me tiene anestesiado y yo de vez en cuando, fantaseo con ella, busco su número en mi móvil y estoy tentado de llamarla, pero no se si estoy seguro de estar preparado para tocar fondo.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Nanna el Lun Oct 04, 2010 3:25 pm

Antes de nada:
¿Y qué? Respondió ella, ¿es que estás celoso?

Ah, el tabaco... qué malo es quedarse sin cigarros de madrugada cuándo todo está cerrado... Y cuándo sales, suelen pasar cosas cómo ésta. Y qué malas son a veces las amistades, que nos empujan a seguir el camino de lo "socialmente aceptable".
El relato me gustó mucho. El estilo es algo más flojo que en los otros, pero quizá porque yo viví una historia muy parecida, se ha convertido en mi favorito.

¡Tengo ganas de más!
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por kaiser el Lun Oct 04, 2010 11:40 pm

Me he visto mil veces El Club de La Lucha y tu relato me atrae bastante, así que te prometo que estos días sacare algo de tiempo para leerlo y te diré algo Wink
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Mar Oct 05, 2010 10:00 am

El tabaco...¡¡¡¡divino tesoro!!!! No sabes de lo que eres capaz de hacer hasta que te falta, gracias por comentar Nanna, aprecio mucho tus consejos y críticas.

El club de la Lucha es de mis favoritas, la tengo en el top ten. Gracias por comentar Kaiser, espero que si puedas sacar un poco de tiempo y te gusten los relatos. Un saludo.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Lun Oct 11, 2010 12:19 pm

Semana

Lunes.
Esta noche, mientras intentaba dormir en la cama, he escuchado voces, susurros y risas en la cocina. Me he levantado, pero allí no había nadie. Llevo varios días sintiéndome observado cuando estoy en casa, pero me giro y estoy solo. Hace ya años que estoy solo.

Martes.
Corro las cortinas para que nadie me vea desde la calle. Pero da igual, el peligro está dentro. En cuanto llego a casa empiezan los murmullos y los siseos. Las copas chocan unas con otras como si ya brindaran por una victoria sobre mí. Pero no lo conseguirán. Aún no me han derrotado.

Esta mañana he abierto el cajón de los cubiertos y uno de los cuchillos estaba en el espacio reservado a los tenedores. Es la prueba definitiva. Están confabulando contra mí y un día de éstos me atacarán por la espalda. Lo sé.

Miércoles.
Si veis que un día no respondo a vuestra llamada o hace tiempo que no aparezco por el trabajo, han sido ellos. Que no os quepa la menor duda. Sólo os pido que estéis alerta. Sólo eso por que no tengo miedo. Sé que estoy aquí para algo y es para destruirlos. No puedo permitir que le hagan daño a nadie más. Me sacrificaré para que éstos malditos cuchillos no puedan arruinar la vida de nadie más.

He roto todos los espejos de la casa. Ya no hay reflejos. También me estoy deshaciendo de todas las luces de la casa. Una a una. Estoy desarrollando una percepción especial que me permite moverme por las habitaciones a oscuras. Me da mayor libertad. Es un truco que aprendí de mi padre.

Jueves.
Antes vivía con mis padres en esta casa. Un día mi madre se despidió como cada mañana y ya no la volvimos a ver. Mi padre se sentaba en el sofá y miraba la puerta por si aparecía. Tenía la esperanza de que llegara del trabajo y los tres nos pusiéramos a cenar, como cada noche. Nunca regresó. El también escuchó las voces y antes de que vinieran a buscarlo me explicó unas cuantas tretas. Me pidió que fuera fuerte y que no me dejara vencer, pero es que cada día los escucho más y más y no quiero que me lleven a mí también.

Dejé de ver a mi madre y después a mi padre. Me pregunto si estarán juntos ahora. Me pregunto si me estarán esperando. Si querrán que yo esté con ellos. Si volveremos a ser una familia. Si algún día se van a callar estas malditas voces que escucho cada vez que me acuesto y no me dejan descansar…

Viernes.
Llevo tres noches sin poder dormir. No recuerdo cuando fue la última vez que comí. Ni me lavo ni me cambio de ropa. He estado los tres días sin salir de la habitación. Estoy escribiendo con un cuchillo al lado del teclado.

Estoy escuchando voces en la cocina. Voy a mirar si hay alguien.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Nanna el Mar Oct 12, 2010 1:51 pm

Me ha encantado el protagonista medio esquizofrénico y su obsesión malsana con los cuchillos. Que esté escrito en forma de diario y acabe casi de la misma forma que empieza me ha parecido una genialidad.

Como de costumbre, espero leer más cosas pronto.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Miér Oct 13, 2010 2:24 pm

Gracias Nanna por tus comentarios, siempre alentadores.

La verdad es que es muy cómodo ponerse en la piel de este tipo de personajes, nunca sabes por donde van a salir. See you!!!!
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por kaiser el Miér Oct 13, 2010 9:49 pm

Muy bueno ese ultimo, pero el final me parece demasiado abierto.
Me han gustado todos los que he leído, tienen un estilo propio muy bueno y si realmente es el estilo del escritor del club de la lucha, debería leérmelo sin falta.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Jue Oct 14, 2010 10:07 am

Hola Kaiser!! El estilo de Palahniuk es mucho más mordaz y agresivo. Yo ando deambulando entre varios autores a la búsqueda del mío propio. Quizá dentro de 30 o 40 años lo haya encontrado. De todos modos, no dejes de leer El Club de la Lucha, te encantará. Un saludo!!! Por cierto, veo que hace tiempo que no posteas nada nuevo, espero que sea porque estás con un proyecto mayor. Un saludo y ánimo!
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por kaiser el Jue Oct 14, 2010 4:31 pm

Llevo un proyecto de Novela Fantástica en colaboración con una asociación de mi pueblo, dicho así queda muy fino pero en realidad esta basado en el mundo de la asociación y por lo tanto me tengo que ceñir a su argumento.
Si quieres puedo pasarte algún link del proyecto y de los demás o colgar algo por el foro.

Un saludo.
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Re: Los renglores torcidos de Tyler

Mensaje por Tyler Durden el Lun Oct 18, 2010 10:54 am

Curtis

De vez en cuando, me lo van recordando. “¿Nunca te han dicho que te pareces mucho a Alexander Curtis?”. -“Bueno, alguna que otra vez, pero él es mucho más guapo”. Y así transcurre mi vida. Siempre a la sombra de otro. Esperando mi oportunidad.

Subo a la habitación y me apetece un baño. Cuando abro el grifo y sale sangre, me doy cuenta de que ya había llegado mi momento. Preparo algo de ropa en una mochila de mano y bajo de nuevo a la calle.

Me siento en la parada del autobús. Abro un libro de Chéjov y espero a que llegue mi transporte. Uno tras otro se van sucediendo los autobuses. Uno tras otro van pasando sin que yo suba a ninguno.

Anochece y para uno que no lleva escrito el destino en el panel. Abre las puertas justo delante mío y el conductor me hace una seña con la cabeza para que suba.

- Yo espero el siguiente.- Y bajo la cabeza de nuevo a “Las islas voladoras”.

- No habrá más autobuses por esta noche Alexander. Ya puedes subir. – Y el conductor señala con la cabeza el fondo del autobús.

Una vez dentro, me doy cuenta de que no estoy solo. Los cuatro o cinco viajeros que van en ese autobús, no dejan de mirarme. Es lógico, me parezco a Alexander Curtis. Busco un sitio libre al fondo del pasillo. Me siento en la ventanilla y veo el autobús arrancar. Justo al otro lado, en la otra ventanilla, hay un hombre mayor, con el pelo canoso y ropa vieja. El anciano no deja de mirarme y yo para disimular le digo: creo que me he equivocado de autobús. El viejo niega con la cabeza y dirige la mirada al suelo. Debe confundirme con Curtis.

Después de un corto trayecto y varias paradas el autobús se detiene ante un edificio de varias plantas. Ya sólo quedo yo en el vehículo.

- Última parada Alexander -vocifera el conductor. Cojo mi mochila y me dirijo a la parte delantera. Miro por la ventana y allí hay un edificio que parece un hotel. Nada más.

- Lo siento amigo, pero has debido confundirte. Esta no es mi parada. Ya te dije que éste no era mi autobús. No se ni donde estamos, ni soy Alexander Curtis, esto ha debido ser una equivo…

- Estamos donde debes estar. – Tira de una palanca antes de que yo termine de hablar abre la puerta. Como no me queda otro remedio, bajo del autobús. Se aleja despacio y yo lo sigo con la mirada hasta que lo pierdo de vista.

En la puerta del hotel hay un cartel azul, Bluesky. Detrás del mostrador está el gerente, elegantemente trajeado, pajarita al cuello y finísimo bigote en la comisura de los labios.

Le doy mi nombre y tras repasar dos veces las reservas, no aparezco por ninguna parte. “Lo siento señor, no tenemos nada a su nombre. Por Alexander Curtis tampoco aparece nada. Lo siento”.
No tengo ni idea de como decirle que no soy el mandito Alexander Curtis. Da igual. Estoy cansado y sólo quiero dormir un rato. Le pido que me de una habitación libre, la que sea. Mañana por la mañana me preocuparé por todo.

El gerente me dice que allí no hay sitio para mí, que tengo que largarme. Lo veo incluso algo enfadado, doy media vuelta y cuando estoy a punto de salir me llama con un ligero siseo de labios, casi inaudible. Se acerca a mí y me da la mano, cuando se la estrecho, me da una pequeña tarjeta, sin soltarme, me pega un tirón del brazo y acerca mi oído a su boca.

Me susurra que ahí va la dirección de un sitio donde me podrán atender, que es de un conocido suyo y que si digo que voy de su parte quizá consiga algo. Vuelve a su mostrador sin despedirse y sigue con su tarea como si yo ya no estuviese allí. Salgo a la calle pero no conozco nada de esta ciudad, así que no se por donde empezar a buscar.

Me siento de nuevo en la parada del autobús pero dudo que vuelva a pasar ninguno a estas horas. Es de noche y empieza a hacer algo de frío. La suerte me sonríe cuando veo pasar un taxi. Lo llamo pero el tipo ni me ve, casi tengo que hacer que me atropelle para que se pare. Entro y le doy la tarjeta que me dio el gerente. El taxista me mira como si estuviera loco, se encoge de hombros, da la vuelta a la manzana y me vuelve a dejar en el mismo sitio. Me cobra 20 euros, debe ser la tarifa por idiota. Vuelvo a entrar a hablar con el bigotes. Me va a dar una habitación en el hotel sí o sí.

Cuando entro en el hall del hotel todo es distinto. El color de las paredes, el recibidor, el ascensor está en otra esquina e incluso el mostrador está justo en la otra parte de donde estaba hace cinco minutos. Incluso el gerente es otro. Ahora hay un tipo que va vestido igual, pero es completamente calvo y ni rastro de bigote. Me ve entrar y me dirige una amplia sonrisa “Bienvenido de nuevo señor Curtis, aquí tiene la llave de su habitación”.

Esto es una locura, no quiero ni preguntar. Le arranco la llave de la mano de un fuerte tirón y me dirijo al ascensor. Habitación 1408. Me daré una ducha y a la cama, ha sido un día bastante extraño.

Cuando entro con mi llave la situación se complica todavía más. Está muy desordenada, ropa por todas partes, ceniceros llenos y la televisión encendida. La habitación parece que está ocupada. La luz del cuarto de baño está encendida. Voy a apagarla y veo que en la bañera hay un cuerpo con las muñecas abiertas, la bañera está llena de agua mezclada con sangre. La visión me marea y estoy a punto de vomitar, me acerco al water y veo el cuerpo más de cerca. Es el mío. Muerto en la bañera de una habitación de hotel.

Salgo tropezándome con todas las puertas que encuentro a mi paso hasta llegar de nuevo al ascensor. Bajo a ver de nuevo al gerente. El tipo calvo me espera con la mejor de sus sonrisas y un “¿algún problema con la habitación señor Curtis?”.
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