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Mensaje por Tyler Durden el Lun Sep 13, 2010 12:23 pm


Una habitación cerrada. Es bastante pequeña. Un hombre y una mujer, ambos sentados a una mesa. La estancia es muy sencilla, aparte de la mesa y las sillas, sólo hay una pequeña cama en uno de los laterales.

De vez en cuando, la Naturaleza se supera así misma creando una mujer extremadamente atractiva, de larga melena y carnosos labios, cuya mirada enciende a los hombres y cuya melena envenena el aire, su nombre es Dana. Él en cambio no era gran cosa. Un metro y medio, cincuenta y nueve kilos, ojos grisáceos y un extraño tic en un ojo. Un ridículo bigote del mismo color que el pelo que ya empezaba a escasear en la cabeza.

Ella lo mira fijamente a los ojos. Él se hace cada vez más pequeño en su silla. Esa intensidad puede con él y no es capaz de aguantar la mirada.

-No te preocupes, aquí puedes estar tranquilo, estás a salvo. ¿Qué tal te fue el viaje?- dijo ella.
- Bi…bi…bien. – El tipo empezó tartamudeando. Mal comienzo. - El viaje fue muy bien. Creo que mi mujer no sospecha nada. ¿Te llegó el dinero que te envié?
-Si gracias. Aquí sin dinero no se que sería de mi. Es difícil subsistir.-
- ¿Es que acaso no te tratan bien?-
- No demasiado, el hecho de ser “famosa” no significa que sea popular y la verdad es que no tengo muchas amistades por aquí.

En ese momento alguien pasa junto a la puerta y ambos giran la cabeza en esa dirección. Un tipo uniformado pasa de largo echando una mirada dentro de la habitación. Ambos callan durante unos segundos y ella le invita a sentarse juntos al borde de la cama que queda lejos del alcance visual de la puerta.

La luz de la ventana incide directamente sobre la cara y el cuerpo de la mujer. Su mirada ahora es de fuego. Su pelo incendia el aire. Serpentea sobre la cama hasta acercarse al hombre.

- Me encanta que hayas venido a verme. Se que te pongo en un compromiso, pero necesitaba verte.

Él sonríe excitado. Apoya las manos en la cama y retrocede unos centímetros impresionado por la convicción de su anfitriona. Ella avanza y recupera la distancia perdida. Su boca está a dos centímetros de su oreja. Le susurra algo al oído y le desliza un papel enrollado. El lo introduce torpemente en el bolsillo de la camisa. La mano de la chica se posa suavemente en el muslo del hombre y hace que él se levante como un resorte.

- He…he de… tengo que marcharme ya o llegaré tarde. Ya tendremos tiempo para estar a solas. Ahora he de irme.

El tipo se dirige a la mesa, cogió la chaqueta del respaldo de la silla y volvió la mirada a la mujer. Ella le devolvió un guiño y tres palabras: confío en ti. Él no dijo nada. Se dirigió hacia la puerta y dio tres golpes fuertes.

-Agente, quiero salir ya – gritó el hombrecillo. El guardia de seguridad que había pasado mirando hace un minuto abrió la puerta y dejó salir al visitante. Ella seguía sentada en la cama cuando la puerta se cerró de un fuerte golpe.

A la semana siguiente, ella en su celda lee el periódico. Un titular anuncia la muerte del fiscal que llevaba su caso a manos de un perturbado. El tipo fue encontrado con las manos ensangrentadas junto al cuerpo. Sólo acertaba a decir: ella me obligó, ella me obligó. El guardia pasa por la puerta y echa una ojeada al interior de la celda. Dana volvió a parpadear como sólo sabe hacer. Al guardia se le escapó una sonrisa nerviosa y siguió con su ronda. Dana ya tenía nuevo cómplice.
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Tyler Durden
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