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Nene

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Nene

Mensaje por Fex el Vie Mar 22, 2013 4:35 pm

Me animo a subir un cuentito corto, espero sus criticas

---------

Hoy decidí cambiar mi rutina y mi camino, cambiar mi recorrido, llegué al parque, pasaba el mediodía, mi panza rezongaba, me senté en el pasto y me distraje pequeños que jugaban. Una nena miraba tímida al resto, un otro gritaba, un… ¿un monstruo corría con una rama a los demás? Me reí,no recordaba haber sido tan salvaje, supuse que todos los niños eran así… niños… para mí eran un misterio, nunca había tenido la oportunidad de entenderlos, de acercarme a ellos, y es que no sabía como hacerlo. Lo tenía decidido, no intentaría nada, no me entrometería, después de todo, yo aún recordaba lo molestos que eran los adultos, siempre pidiendo besos y hablándome como si mi capacidad mental fuera inferior solo por ser chiquita.

Nenes...

El otro sábado volví, no sé por qué, ni me interesa, sólo sé que volví a aquel parque una semana más tarde, me volví a sentar en el pasto, volví a ver los pequeños, pero ese sábado uno se acercó a mí, con una rama en las manos y en sus ojos la sospecha, reí en mi mente imaginando sus pensamientos “¿Quién es esta intrusa que está en mi territorio?” tiró la rama a mis piernas.

Nene atrevido.

Esperó quieto mi reacción… reacción que nunca llegó, la decisión que había tomado seguía en pie, yo ya no le prestaría atención a los niños. Lo ignore. Siguió observándome y dio un paso al frente “¿Por qué me ignoras?” me decían sus ojos...
Otro paso, otro paso y otro más… estaba a mi lado la rama era lo único entre nosotros, la tomó sin quitarme los ojos de encima, me pateó y se alejó corriendo… de lejos observaba… observaba como yo le ignoraba… rompió la rama en dos y lleno de furia destruyo el original cuasi-castillo de arena que otros construían. De lejos su madre le gritaba. El seguía pateando el castillo.

Nene desobediente.

El siguiente sábado volví, pero esta vez me llevé un sándwich conmigo, no volvería a pasar hambre. Los niños de siempre, las travesuras de siempre, y una nueva rama más grande y dura que la anterior, que imponía miedo y lágrimas en los demás.

Nene violento.

Corrió hacia mí en el momento que me vio, me pateó. Lo ignoré. Me pateó con más fuerza. Di un mordisco a mi sándwich, y por primera vez... lo miré. Mantuvimos la mirada unos segundos, y tomando coraje se acercó a mí, sacó el sándwich de mis manos tirándolo al piso, y me pateó una vez más antes de salir corriendo. Lo ignoré una vez más ocultando mi molestia.

Nene malo.

Los sábados pasaron… cada vez se volvía más violento, cada vez se concentraba más en llamar mi atención, con el rostro rojo y la furia en sus manitos apretadas, me gritaba, me golpeaba… yo: lo miraba.

Nene…

Un sábado fue diferente, su odio era incontenible, golpeaba a las niñas, gritaba, se revolcaba,el diablo le había poseído, su madre no estaba ese día, su niñera a duras penas podía contener la calm. Las personas susurraban, espantadas de ver tan terrible criatura. Veían un pequeño monstruo, pero yo lo miraba.. y veía sus ojitos rojos, lo escuchaba gritar y oia su llanto…

Nene triste.

Finalmente había llegado el momento de golpearme a mí, ya era una rutina que no podía faltar, cerró sus puños y arremetió contra mí: mis piernas, mis brazos, patadas, puños. Lo miré, le sonreí. Se quedó quieto, confundido ¿una sonrisa?

Nene perdido

Una sonrisa que el mismo se encargaría de borrar, volvió en sí y siguió usándome de saco de boxeo, yo le seguía sonriendo… su niñera intento acercarse pero era inútil no tenía autoridad sobre el pequeño. Una mordida intentaba partir mi mano, tanto odio, tanto rencor.
Me volví hacia él, lo tome por sorpresa rodeándolo con mis brazos. Apreté encerrándolo, mientras el luchaba con todas sus fuerzas por soltarse, lo tenía atrapado, mi pelo caía sobre su frente, su garganta gritaba. Él no entendía, y yo tampoco, ¿por qué lo estaba abrazando? ¿Por qué había hecho tal estupidez? Había decidido no prestar más atención a los niños … pero aquel dolor que sentía cada vez que lo escuchaba gritar, había movido mi cuerpo y mis manos. El me golpeaba, yo lo abrasaba. Se rindió, se quedó quieto, completamente rojo y cansado. Besé su frente y lo solté... volví a ignorarlo.

Nene olvidado.

Los sábados siguieron, ya no me pateaba, ya no me golpeaba, solo me miraba de lejos, analizándome, inspeccionándome. Hasta que finalmente volviste a acercarte a mí. Volviste a tirar tu rama a mis piernas, volviste a patearme antes de intentar correr… pero esa vez no te dejé. Me pateaste, te agarré. Pero ese día no peleaste, lloraste en mis brazos, primero despacio y luego más fuerte. ¿Te hacía daño? ¿Había hecho algo mal?

Nene herido.

En mis brazos llorabas agarrándote de mi ropa con fuerza, lloraste hasta quedarte sin lágrimas, cuando te calmaste saqué mi sándwich, lo partí y puse la mitad en tu mano, lo tiraste al suelo enojado y avergonzado. Te mire. Te di la otra mitad. La comiste sin mirarme y te fuiste a paso lento, sin mirar atrás.

Nene…

Cada sábado te acercabas, ya no me golpeabas te quedabas a mi lado sentado compartíamos el sándwich, me sonreías y volvías a jugar con los demás niños, volvías a perseguirlos con tu rama, volvías a destruir sus castillos de arena, pero no gritabas, no los golpeabas… sonreías.

Nene que sólo necesitaba amor.
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